HABITAR UN EDIFICIO MODERNO: VIDA COTIDIANA EN EL CENTRO SCOP DE LA CIUDAD DE MÉXICO

LIVING IN A MODERN BUILDING: DAILY LIFE IN THE SCOP CENTER OF MEXICO CITY

VIVER EM UM EDIFÍCIO MODERNO: COTIDIANO NO SCOP CENTER DA CIDADE DO MÉXICO

 

Francisco Esteban Alvarado Carrasco[1]

(Universidad Nacional Autónoma de México, México)

 

Fecha de recepción: 15 de octubre de 2021

Fecha de aceptación: 24 de noviembre de 2021

 

RESUMEN

En la década de 1950 México experimentó un crecimiento económico sin precedentes que derivó en un ambicioso plan nacional con el objetivo de modernizar el país. Dicha modernización cayó en manos de la Secretaría de Comunicaciones y Obras Públicas, al mando de Carlos Lazo. De esta manera Lazo construyó un ambicioso conjunto arquitectónico para albergar las oficinas de la Secretaría y a los trabajadores de esta. Lazo dotó a su proyecto de todos los servicios necesarios, desde centro de salud hasta centro deportivo, además de murales y esculturas que representaban la historia de las telecomunicaciones y el progreso en México. Por su parte, los vecinos y trabajadores experimentaron un cambio radical en su estilo de vida, hábitos de consumo y relaciones personales. Analizaré cómo fue vivir en el nuevo Centro SCOP y el nacimiento de una interesante clase media dentro de la Ciudad de México, en la colonia Narvarte.

Palabras Clave: Carlos Lazo, Centro SCOP, Vida Cotidiana, Clases Medias, México 1950.

 

ABSTRACT

In the 1950s Mexico experimented an unprecedented economic growth which resulted in an ambitious national plan with the objective of modernizing the country. This project was conducted by Secretaría de Comunicaciones y Obras Públicas and  command by Carlos Lazo. In that way, Lazo built an ambitious architectural ensemble, the main idea was to congregate the offices of the Secretary and build apartments for their workers. Lazo supplied his project with all the necessary services, for example, a hospital and a gym. Also, the front of the buildings was covered by several murals and the principal esplanade. These pieces of art talk about the history of telecommunications in Mexico. During that time, the workers and neighbors lived a change in their lifestyle, their consumption habits, and the relationships between them. In this article, i will analyze those changes and show a glimpse of how living in Centro SCOP was and, the beginning of the middle class in the Narvarte suburb in Mexico City.

Keywords: Carlos Lazo, Centro SCOP, Daily Life, Middle Class, Mexico 1950.

 

RESUMO

Na década de 1950, o México experimentou um crescimento econômico sem precedentes que levou a um ambicioso plano nacional com o objetivo de modernizar o país. Esta modernização caiu nas mãos da Secretaría de Comunicaciones y Obras Públicas, sob o comando de Carlos Lazo. Assim, Lazo construiu um ambicioso complexo arquitetônico para abrigar os escritórios da Secretaria e seus trabalhadores. Lazo promoveu ao seu projeto todos os serviços necessários, desde um centro de saúde até um centro esportivo, passando por murais e esculturas que representaram a história das telecomunicações e o progresso no México. Por sua vez, vizinhos e trabalhadores vivenciaram uma mudança radical em seu estilo de vida, hábitos de consumo e relações pessoais. Vou analisar as mudanças e como era viver no novo SCOP Center e o nascimento de uma interessante classe média na Cidade do México, em o bairro de Narvarte.

Palavras-chave: Carlos Lazo, SCOP Center, Daily Life, Middle Classes, Mexico 1950.

Cómo citar: Alvarado Carrasco, F. E. (2021). Habitar un edificio moderno: vida cotidiana en el centro SCOP de la ciudad de México. Revista Pares, 1(2), 204-229.

 

Durante los años 50 del siglo pasado, se construyó en la ciudad de México un conjunto arquitectónico de gran alcance que puede compararse, en magnitud e intenciones, con la Ciudad Universitaria de la UNAM. Me refiero al Centro de la Secretaría de Comunicaciones y Obras Públicas (Centro SCOP), espacio icónico que realizaron los arquitectos Carlos Lazo, Augusto Pérez Palacios y Raúl Cacho. La idea de dicho inmueble fue la de dotar a la Secretaría de nuevas oficinas y a los trabajadores de todas las comodidades posibles para la mejor realización de sus actividades laborales, lo anterior bajo la fuerte influencia del estilo arquitectónico moderno y buscando la Integración Plástica.

            La Integración Plástica fue un movimiento que tuvo como base la idea del edificio como aglutinador de todas las artes, dicha cuestión ya había sido explorada con anterioridad en propuestas como la de Josep Luis Sert para el Pabellón de España en la Exposición Universal de París de 1937, en dicha oportunidad colaboraron Pablo Picasso y Joan Miró (Noelle, 1999: 538).

            Para el caso mexicano encontramos textos que abogan por la Integración Plástica desde 1922 como el caso del Sindicato de Trabajadores, Pintores y Escultores donde se pedía una expresión artística de propiedad pública. Están también los postulados de David Alfaro Siqueiros sobre el establecimiento de una “expresión ética o social política de la arquitectura y de todo el fenómeno plástico integral”[2]. Lo anterior desembocó en las primeras obras de Integración Plástica como la Secretaría de Salubridad de Carlos Obregón Santacilia o el Hotel Reforma de Mario Paní (Noelle, 1999: 540-546).

            Sin embargo, el primer lugar donde se realizó un esfuerzo coordinado y de grandes proporciones para llevar a cabo la Integración fue la Ciudad Universitaria. Proyecto que guarda amplias similitudes con el Centro SCOP tanto por su carácter de arquitectura moderna y funcionalista, como por las personas encargadas de dichos proyectos. Carlos Lazo y Juan O’Gorman trabajaron juntos en ambos proyectos y su experiencia fue la clave para llevar a buen puerto la construcción de la SCOP.

            Para los murales realizados por O’Gorman el tema fue el desarrollo de las telecomunicaciones en México y la historia prehispánica, es importante mencionar una característica fundamental en la obra de este artista tanto en la Ciudad Universitaria como en el Centro SCOP “O’Gorman busca, vigorosamente, activar la conciencia social por medio de la eficacia de un lenguaje y de una interpretación arraigada en la certeza de que es el pueblo el principal actor de las conquistas sociales”. (Rodríguez Prampolini y O’Gorman, 1983: 54). Lo importante para el artista es crear un discurso coherente y entendible para todo aquel que observe su obra, deseo que se logra claramente tanto en la SCOP como en la Ciudad Universitaria.

Gracias a la experiencia de la que hemos hablado, el grupo de arquitectos proyectó y llevó a cabo su ambiciosa idea en el amplio terreno que se encuentra en cruce de las avenidas Xola y Eje Central, en ese entonces llamado Niño Perdido.

   El plan de Lazo y compañía para la SCOP incluyó no solo el conjunto para oficinas, sino también una Unidad Habitacional, centro deportivo, espacios recreativos, tiendas de conveniencia, centro de salud y guardería, todo lo anterior dentro del mismo espacio. Además, las fachadas de los edificios principales fueron recubiertas de enormes murales que realizaron artistas como Juan O’Gorman, José Chávez Morado, Jorge Best, entre otros y escultores como el colombiano Enrique Arenas Betancourt plasmaron su obra en las explanadas de la Secretaría.

En este artículo pretendo señalar las diversas maneras en que se habitó el Centro SCOP desde la llegada de sus primeros ocupantes. Para ello cuento con los testimonios de diversos actores, quienes se expresan a través de dos medios como son: el cuestionario para directores y jefes de departamento llevado a cabo en 1955 y las memorias de los habitantes de la Unidad Habitacional recopiladas y editadas por una vecina de la Unidad Habitacional.

Ambas fuentes son de carácter documental y tienen como sustento fundamental la memoria y las experiencias. Al trabajar con la memoria debemos tener claras algunas precisiones que se han hecho para su estudio, como bien señala Enzo Traverso la memoria se conjuga siempre desde el presente en que fue expresada, no tiene necesidad de expresar pruebas sobre su verisimilitud y esconde la posibilidad de que el historiador la tome como el prisma normativo de su interpretación, negando así la heterogeneidad de memorias (Traverso, 2007:18-22).

Tomando en cuenta las previsiones anteriores parecería que trabajar con la memoria como fuente para la historia resulta infructífero. Sin embargo, considero que los relatos que nos ofrece son de vital importancia para entender la vida cotidiana. Además, la labor del historiador debe ser señalar las trampas del recuerdo, exhibir sus omisiones, contrastar sus dichos y con esto generar un nuevo discurso.

En este texto busco mostrar algunas de las formas de habitar el centro SCOP para poder resaltar los usos que tuvo el edificio y las maneras en que la población se apropió del lugar. Hago uso, principalmente, de las herramientas historiográficas de la historia de la vida cotidiana y las clases medias en la Ciudad de México. Son referentes para este trabajo los textos de Pilar Gonzalbo y Susana Sosenski, es innegable que la manera de tratar las fuentes y de presentar resultados mediante su análisis fueron nodales para la realización del presente artículo (Gonzalbo Aizpuru, 2018) (Sosenski, 2021).

 

EL CUESTIONARIO DE 1955

A partir del 20 de junio de 1955 se realizó un cuestionario a los directores y jefes de departamento de la Secretaría de Comunicaciones y Obras Públicas para conocer su opinión sobre las nuevas oficinas. Se trató de un sondeo abierto dividido en cuatro secciones: Beneficios al público, Beneficios a las labores internas, Beneficios técnicos y Beneficios como aumento de la productividad. Dicho instrumento de consulta fue elaborado por la Gerencia de Promoción que en ese momento dirigía Guillermo Rossell. Los rubros antes mencionados contenían preguntas puntuales sobre la nueva disposición de espacios, la facilidad para la movilidad dentro del conjunto, la facilidad de contacto dada la recién instalada red privada de teléfonos y un especial énfasis en el aumento de la eficacia laboral por parte de los trabajadores.[3]

En el rubro de “Beneficios al público” se buscaba entender la relación de los visitantes con el nuevo espacio. Las respuestas son variadas, sin embargo, hay un punto recurrente: la inmensidad el edificio. Las oficinas completas de la SCOP fueron trasladadas a nuevos pisos dentro del conjunto ideado por Lazo. El problema respecto al tamaño surgió al apenas llegar, pues algunos departamentos eran considerablemente pequeños en cuanto a personal y equipo, por lo tanto, no había forma en que ocuparan un espacio tan grande. Así lo reporta, por ejemplo, el Departamento de comunicaciones Alámbricas al decir que “El público que recurre a esta dependencia, es reducido y del tipo y calidad que no está indicado manejarlo por ventanillas, para su atención”.[4] En el mismo tono se expresa el Departamento de contaduría y Glosa que considera su espacio más que suficiente: “En la sección de cuentas de balance de la Oficina de Contabilidad se atiende al público sin aglomeración”.[5]

El conjunto era tan grande que los visitantes se perdían, las citas se demoraban y hasta los mismos empleados tenían dificultades para llegar a tiempo. Ante esta situación el Departamento de Telecomunicaciones inalámbricas consideraba que “se daría mayor facilidad si en la planta baja se colocara un directorio mural como los que hay en los edificios grandes de despachos”.[6] Con esta propuesta se esperaba que “pudiera disminuirse el personal destinado a este objeto”.[7] Lo anterior evidencia el tamaño del problema al que se enfrentaba la Secretaría con su mudanza, teniendo que contratar personal para guiar a los visitantes, cual si se tratara de una enorme exposición.

También existía la opinión contraria, es decir, quienes consideraban que el nuevo espacio asignado les era insuficiente dada la cantidad de personas que acudían a sus departamentos. Es el caso del Departamento de Inspección General, donde se reporta lo siguiente: “El área de espera que corresponde al departamento en el vestíbulo prácticamente no es utilizada por el público, sino que este permanece de pie en los pasillos, en tanto se le atiende. En los anteriores locales que ocupó el departamento, existía una sala de espera dentro del mismo, cosa con la que actualmente no se cuenta y esto se traduce en una incomodidad tanto para el público como para el desarrollo de nuestras funciones”.[8] El problema es, en el fondo, el mismo. Al momento de destinar espacios dentro del nuevo edificio, Carlos Lazo y sus colaboradores no tomaron en cuenta las necesidades específicas de los departamentos, ni la cantidad de personas que albergarían dichos espacios entre personal y visitantes, creando así una desproporción con oficinas demasiado grandes para departamentos pequeños y viceversa. Además, observamos cómo la gente no estaba acostumbrada a utilizar ciertas novedades, como un área de espera lejana a los escritorios desde los que se despachaba, por lo que preferían hacer filas de pie para sentir la seguridad de ser atendidos conforme llegaran.

Otro problema que se ocasionó dentro de las nuevas oficinas, dado su gran tamaño, fue la imposibilidad de registrar quién y para qué asunto visitaba los diversos departamentos. Así, personajes que distraían la atención de los trabajadores se colaban fácilmente al edificio de Av. Xola. El Departamento de Contaduría y Glosa expresa: “El único inconveniente es que las personas extrañas llegan hasta el escritorio del jefe de sección, y para evitar el mayor acceso al interior del local se dispuso que el citado Jefe quedase en el extremo del pasillo”.[9] Las personas extrañas entraban a pesar de que la Secretaría había dispuesto a vigilantes por cada uno de sus pisos, por lo tanto el Departamento de comisiones Alámbricas proponía “establecer tarjetas de visitante temporal o permanente, para evitar por medio de los vigilantes de piso que tengan acceso a las oficinas personas que tratan de vender mercancías o cobrar abonos, quienes distraen al personal considerablemente”.[10] El uso cotidiano del edificio no solo traía un beneficio a los empleados, sino que también representaba una oportunidad de ingreso para diversas personas que se movían en los alrededores, como el caso de los vendedores. Seguramente, en las oficinas que con anterioridad ocupaba la SCOP, el hoy Museo Nacional de Arte, también existían personas que vendían productos de escritorio en escritorio. Sin embargo, dentro del nuevo edificio estos personajes ya no podían pasar desapercibidos, pues los grandes tumultos que existían en las antiguas instalaciones de la Secretaría y que aprovechaban para entrar a la SCOP ahora no existían, lo anterior gracias a la nueva distribución de espacios. Estos vendedores fueron, a partir del cambio de sede, constantemente reportados por los jefes de cada departamento o dirección, quienes notaban cómo su presencia distraía el trabajo de los empleados.

Dentro del rubro “Beneficios en las labores internas”, se preguntó a los responsables de cada área si encontraban facilidades dada la nueva concentración de las dependencias dentro de un mismo conjunto, si consideraban que la comunicación era mejor gracias a la red privada de teléfonos y si habían logrado algún ahorro para la SCOP al dejar de rentar locales, al integrarse todos a los nuevos edificios. Este punto era importante, pues se trataba de responder a la pregunta sobre si el Centro SCOP cumplía con sus funciones básicas: la eficacia y rapidez en las labores de la Secretaría y, además, lograr ahorros para la Federación.

Las respuestas fueron variadas, pero en su mayoría indicaban una mayor celeridad en los trámites que se hacían entre las dependencias, ya que antes se requería que los empleados se trasladaran por la ciudad para llevar un oficio o dar alguna instrucción y ahora solo debían cambiar de piso o cruzar alguna explanada. La Dirección General de Construcción de Ferrocarriles mediante su Departamento de Administración informó que “Actualmente los empleados ahorran un promedio individual de una hora diaria en sus contactos con las demás dependencias de la Secretaría”. Además, esta misma dirección reportó un ahorro de 120,000 pesos anuales al evitarse la renta de oficinas extra.[11] Por su parte, el Departamento de Conservación de la dirección de Ferrocarriles compartía la opinión respecto al ahorro en tiempos de traslado, además elogiaba la nueva red privada de teléfonos con que contaba la SCOP: “Se ha economizado tiempo a los funcionarios de esta dependencia en sus relaciones con las autoridades superiores y en sus relaciones con las otras dependencias de la Secretaría, en virtud de los magníficos servicios que da la red privada de teléfonos”.[12]

No todos opinaron positivamente sobre los beneficios en la labor interna. En primer lugar, la Dirección General de Correos consideraba que “debido a la ocupación del Centro SCOP fuera de los primeros cuadros del Distrito Federal para comunicarse físicamente se cuenta solo con vías de autotransportes urbanos que no prestan un servicio eficiente”.[13] En aquellos años, la ciudad aun no contaba con el trolebús que recorre el Eje Central y aún faltaban varias décadas para que el metro invadiera la vida subterránea de la urbe, por esta razón la única manera de llegar a la nuevas oficinas era mediante auto particular o utilizando la línea de camiones Roma-Narvarte-Valle. La misma Dirección reconoce que “con la intercomunicación telefónica pueden tratarse con rapidez algunos asuntos”.[14] Con esto conceden un punto a la comunicación dentro del edificio y a su eficacia como punto nodal de las estrategias de la Secretaría. Por último, dentro de este ramo, la Dirección de Correos hace patente que continúa rentando edificios y menciona 13 de ellos. Lo anterior responde a las características propias de los correos que, para su mejor funcionamiento, necesitan la mayor cantidad posible de oficinas postales.

Más radical fue el Departamento de Inspección General, donde no encontraron mejoría alguna respecto a las comunicaciones dentro del nuevo edificio: “en relación con la red privada de teléfonos, no se da ningún beneficio pues las comunicaciones con las distintas dependencias se llevan a cabo telefónicamente con la misma rapidez y eficiencia con que anteriormente se hacían a pesar de que en la actualidad exclusivamente tenemos dos teléfonos directos, en lugar de tres como contábamos”.[15]

El siguiente punto en el cuestionario fueron los Beneficios Técnicos. Aquí se preguntaba si se tenía mayor facilidad para la consulta de archivos, mejores condiciones respecto al mobiliario y al equipo, si el pago de sueldos era ahora más eficiente o si resultaba más sencillo el trámite de requisiciones o pedidos. El Departamento de comunicaciones inalámbricas elogió “las condiciones de trabajo con el establecimiento de mobiliario y equipo moderno, así como las comodidades del trabajo en medio de un ambiente agradable y confortable”.[16] Podemos observar que la Secretaría había renovado por completo su mobiliario con ayuda de la empresa DM Nacional, quien fue la encargada de realizar los muebles para todas las oficinas del nuevo Centro SCOP.

En contrapunto, el Departamento de Tráfico realizó una escrupulosa crítica. Por principio de cuentas, reconoció que “al uniformarse el mobiliario y equipo con muebles de primera calidad, es natural que el personal trabaje en mejores condiciones de ambiente”, e inmediatamente agrega que “en cuanto a comodidad existen circunstancias dignas de objeción”.[17] Dichas objeciones son: en primer lugar, la falta de movilidad en los asientos fijos de los empleados, ya que por su altura y ancho, imposibilitaba que se tenga acceso a los cajones superiores de los escritorios, pues estos no se podían abrir; además, “al estar escribiendo en máquina, el brazo derecho queda en una posición forzada, porque queda pegando en el escritorio. No todos los empleados tienen la misma constitución física, pues los hay obesos, y por lo tanto, necesitan mayor amplitud que los delgados”.[18] Con la afirmación anterior queda claro que las medidas antropométricas que utilizó DM Nacional para desarrollar su trabajo no fueron las adecuadas para las y los empleados de esta oficina, lo cual generó grandes inconvenientes.

 Las críticas no se detienen ahí, sino que ahondan: “Es bien sabido que, para que un mecanógrafo trabaje con comodidad, los brazos deben quedar a escuadra con el teclado de la máquina y en las condiciones actuales, tienen que elevarse los brazos, desarrollándose un esfuerzo innecesario, que redunda en perjuicio del rendimiento del empleado”.[19] Podemos ver que tampoco se tomaron en cuenta las necesidades propias de cada oficina al momento de diseñar los muebles, lo cual derivó en artefactos nuevos y estéticamente atractivos, pero que terminaron por ser inútiles. Lo anterior es producto de la estandarización en el mobiliario, es decir, el mismo equipamiento para todas las oficinas, lo cual se hace para abaratar costos, pero genera problemas particulares.

En otra de las ramas del cuestionario se pedía a los empleados que valoraran los beneficios que brindaba el edificio respecto a Servicios Sociales. En este espacio se obtuvieron respuestas sumamente favorables, ya fuera agradeciendo la instalación de la guardería dentro del conjunto o comentando el acertado acomodo de las oficinas que permitía una mejor higiene. Lo anterior repercutía, según el Departamento de Servicio Social en “Mayor eficiencia en el trabajo, dependiente de la elevación del tono moral y psíquico de los colaboradores SCOP al desarrollar sus actividades en un medio decoroso rodeado de estímulos y beneficios directos”.[20] Cabe mencionar que este departamento era dirigido por Augusto Pérez Palacios, es evidente que la opinión que expresó estuvo mediada por su participación en la construcción del conjunto. Pese a ello, sus palabras resumen de buena manera el sentimiento que se lee en las respuestas de los demás departamentos. Podemos catalogar como exitosas las medidas que desde la SCOP se implementaron para procurar el bienestar de los trabajadores, es decir, la construcción de espacios recreativos, de consecución de la salud o de cuidado para sus familias como el caso de la guardería. Todo lo anterior fue sin dudad una gran victoria.

A pesar del buen ánimo con que se respondió a esta encuesta, no se perdió oportunidad de señalar algunos problemas recurrentes. Dichos temas fueron la falta de agua en los sanitarios de los pisos superiores después de las tres de la tarde, punto que fue mencionado por los departamentos de tráfico y técnico de jefatura y por la oficina de estadística. Por su parte, el Departamento de comunicaciones inalámbricas mencionó también la incomodidad que causaba la entrada de luz solar directa a toda hora del día y en específico durante la época de verano. El caso contrario fue el del Departamento de Control Técnico, pues, dada su ubicación en el edificio C protestaba: “En el aspecto de luz natural se ha perdido, habiéndose mejorado en cambio en luz artificial y en sanitarios. En algunos locales la ventilación es deficiente. Hacen falta ceniceros de piso y cestos para papel”.[21] Cabe señalar que las oficinas del Edifico C tienen apenas un par de pisos de altura y están cubiertas en una de sus caras por los murales, por lo que la entrada de luz y aire era ciertamente más complicada.

El último tópico que recoge el cuestionario es el correspondiente al aumento de la productividad, donde la repuesta es unánime, los departamentos mencionan un incremento en su capacidad para realizar las labores que tienen encomendadas gracias a los nuevos espacios, mobiliarios y equipos. Incluso hay quienes piden mayor control sobre el personal como el Departamento de Contaduría y Glosa que menciona que “Cuando se cuenta con personal numeroso (190 o 200 empleados) es muy difícil conseguir su permanencia constante en las oficinas, pues ya con el pretexto de salir a comprar “coca-colas” o a los baños, abandonan sus lugares con alguna frecuencia”.[22] También es interesante la manera en que lo plantea la Oficina de Estadística y Publicaciones:

 

No puede evitarse que los empleados pierdan el tiempo entablando conversaciones ajenas al servicio. Para evitar esto último se sugiere que el inspector de piso no se concentre a vigilar únicamente la entrada y la salida de empleados, sino que, una vez firmada la lista, vigile la dedicación de los empleados al trabajo, reportando a aquéllos que sorprenda en amena charla ya sea con otros empleados o con visitas. Esto que se sugiere no es exagerado, el que se lleve a cabo esa vigilancia se verá como pierden el tiempo muchos empleados que no tienen sentido de la responsabilidad ni amor al trabajo.[23]

 

La cita anterior nos da muestra de cómo Lazo logró contagiar a su equipo la idea de máxima eficiencia sobre la cual descansaba su ambicioso plan de trabajo, el cual pretendía la superación del país mediante la Secretaría a su cargo. No tenemos testimonios sobre la recepción de estas ideas entre los empleados de más bajo nivel, sin embargo, los directores y jefes de departamento parecían estar en completa sintonía con los deseos del Secretario.

El cuestionario que hasta aquí he analizado da muestra de la creación de un nuevo prototipo de empleado que sirva a los intereses del México contemporáneo, que se asuma como un agente de cambio social y responda a los ideales de productividad que buscan el avance del país. Para lograr lo anterior es necesario que tenga un profundo sentimiento de responsabilidad y patriotismo. Mario Barbosa hace notar que, con la consolidación del estado aunada a un progresivo aumento de las finanzas, se posibilita “la inversión en infraestructura, así como la ampliación de las instancias de gobierno en todos sus niveles para atender nuevos ámbitos de gestión” (Barbosa, 2018: 747). Lo anterior se puede ver en el desarrollo de la SCOP como una Secretaría que tiene los recursos para ayudar a un proyecto político que busca consolidar un país. En ese sentido, la inversión en una nueva sede dotada de todos los servicios sociales para hacer sentir satisfechos a los trabajadores es un costo que el estado puede y debe asumir para cumplir con sus aspiraciones. Ayuda a este propósito también, como lo describe Barbosa, la organización funcional y la centralización de las oficinas de gobierno, aspectos que se cubrieron a cabalidad con la construcción del Centro SCOP.

El revestir a los trabajadores de cierta y merecida importancia ayudó a la creación y posterior consolidación de una clase media en la Ciudad de México. Como bien apunta Barbosa: “Había sin duda un esfuerzo por distinguirse de otros sectores, sobre todo de aquellos más pobres. Hay una indudable valoración de la apariencia por parte de sí mismos y de sus empleadores. En muchos casos, había un autorreconocimiento como sectores medios o intermedios (…) la posibilidad de estar en una oficina de gobierno y de representar a la autoridad del Estado proveyeron un lugar social para los empleados públicos” (Barbosa, 2018: 749).

A continuación, veremos cómo se asentó este ideal de clase media en los habitantes del Centro SCOP, cómo se definían, qué rutinas seguían y los mecanismos de sociabilidad que existían al interior del conjunto. Es decir, veremos al mecanismo estatal en funcionamiento.

 

2.2 LOS TESTIMONIOS DE LOS VECINOS

Si bien las oficinas fueron utilizadas a partir de 1955, no fue sino hasta 1956 que la Unidad Habitacional IMSS Narvarte comenzó a ser ocupada. El diario Novedades publicó en su ejemplar del 12 de febrero de 1956 un anuncio mediante el cual se ofertaban los departamentos para quienes fueran “trabajadores asegurados”: se pedía una renta de 150 pesos mensuales y los interesados debían presentarse en las oficinas del IMSS entre las 8 y las 14:30 horas antes del 29 de febrero para firmar la solicitud correspondiente. Se ponían a disposición 300 departamentos.[24] Entendemos ahora que la vivienda en la SCOP, si bien fue pensada dentro del conjunto, no estuvo destinada únicamente a los trabajadores de la Secretaría, sino a todo aquel que tuviera interés en ella y cumpliera los requisitos.

Soledad Loaeza afirma que “La posición social de las clases medias no se basa en la riqueza, sino en el prestigio” (Loaeza, 1988: 12). Si a esto le añadimos las apreciaciones que hicimos arriba sobre la simbiosis entre los trabajadores de una dependencia gubernamental y el estado mismo, podemos observar cómo la SCOP, mediante sus espacios habitacionales, formaba el caldo de cultivo perfecto para la clase media. Sin duda era un privilegio vivir a unos metros del lugar de trabajo y en departamentos diseñados por los arquitectos más famosos en el país de aquellos años. Lo anterior repercutió en el ánimo y las maneras de definirse que encontraron quienes llegaron a vivir aquí.

Durante la conmemoración por los 60 años de la Unidad Habitacional en 2016 se organizó un espacio para que las y los vecinos hablaran sobre sus experiencias vitales. Laura Ruíz Mondragón, quien fue vecina, decidió grabar, transcribir y recopilar dichas participaciones. Posteriormente, cuando en 2019 el Instituto de Investigaciones Estéticas mediante el Grupo de Investigación El Centro SCOP: creación, conservación y supervivencia en la Ciudad de México emitió una convocatoria para recolectar testimonios sobre la SCOP, Laura Ruiz Mondragón respondió haciéndonos llegar dos manuscritos inéditos: el primero es la recopilación a la que hemos hecho referencia y el segundo es un relato autobiográfico de los años en que vivió dentro del conjunto habitacional de la SCOP.[25] Ruíz Mondragón es la cuarta de seis hermanos, vivió en la Unidad Habitacional de 1957 a 1972, estudió Sociología y su padre desempeñaba el cargo de Administrador de los edificios (Ruiz Mondragón, 2016: 1, 6 y 9). Es gracias a ella que podemos estudiar cómo fue crecer en el conjunto ideado por Lazo.

La primera inquilina de la Unidad Habitacional IMSS-Narvarte fue la señora María de los Ángeles Meneses Ríos. Llegó al edificio a sus 19 años y con dos bebés. A su entrada le advirtieron que aún no podía mudarse, pues los departamentos continuaban en obra negra. Al verla tan joven, el administrador del edificio destinó a dos personas para que le ayudaran a limpiar su departamento: “fuimos los primeros habitantes de estos departamentos, de esta Unidad, cuando ni rejas habían, cuando la colonia Postal era solamente una llanura, cuando desde nuestras ventanas podíamos mirar el tránsito en Niño Perdido, es decir, Eje Central” (Ruiz Mondragón, 2017: 16). Era el 26 de mayo de 1956.

El testimonio de la señora Meneses continúa dándonos un par de especificaciones importantes: “Los departamentos del edificio 1 al 33 los dio el Seguro Social y del 34 al 41 eran puros trabajadores de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes, se pagaban 180 pesos de renta y 10 de gas, mi esposo ganaba 150 pesos al mes, por lo que tuvo que trabajar horas extras para completar la renta y para sostenernos”(Ruiz Mondragón, 2017: 16). No queda claro dónde trabajaba el esposo de la señora Meneses, por lo cual no podríamos lanzar una crítica hacia la eficacia o no del proyecto realizado por Carlos Lazo para dotar a los trabajadores de la SCOP de todos los medios necesarios para su subsistencia. Además, la situación de la señora meneses parece particular, pues en los demás testimonios no existe mención a un costo excesivo de la vivienda o a que el sustento de la familia no cubre sus necesidades. Podemos hacer algunas precisiones, en primer lugar, notamos que había edificios en los cuales solo vivían personas que trabajaban en la SCOP.[26] No deja de ser interesante que, pese a tratarse de algo tan importante como un lugar donde vivir completamente nuevo, ninguno de los testimonios recogidos en la encuesta menciona este beneficio. Lo anterior puede ser debido a que los encargados de responder fueron los jefes y directores de departamento, quienes, probablemente, no vivían en la Unidad Habitacional.

En segundo lugar, llama la atención el dato referente al costo de la renta. Como vimos, el anuncio del periódico especificaba que el costo sería de 150 pesos. Sin embargo, el testimonio anterior nos dice que en realidad se pagaban 180 pesos, más 10 pesos de gas. El testimonio nos permite constatar las palabras de Soledad Loaeza cuando apunta que las clases medias “Viven encima de sus posibilidades económicas, con lo que manifiestan una sed insaciable de status (…). Eligen su modelo de consumo en sociedades más ricas que la propia” (Loaeza, 1988: 29). Más adelante encontraremos otros ejemplos sobre cómo la clase media que habitó la SCOP gastaba más de lo que tenía para mantener su estilo de vida y la apariencia de vivir un escalón arriba de las clases bajas.

Para terminar su testimonio, la señora Meneses recuerda lo siguiente: “Poniéndose el sol yo ya no salía, porque todo esto estaba completamente solo, el primer año era una soledad horrible” (Ruiz Mondragón, 2017: 18). Estas nos muestran los sentimientos de una joven con apenas 19 años que debía cuidar a dos niños pequeños, enfrentarse a una zona de la ciudad que le era hostil y desconocida y, además, tener como único acompañante a un hombre 20 años mayor que ella quien pasaba largas jornadas fuera de casa. Sin duda fueron momentos muy difíciles para la señora Meneses, lo cual nos da una muestra franca de los claroscuros que rodean a una ciudad moderna que crecía a pasos agigantados y donde el anonimato era cada vez más grande. Vivir en un departamento rompió con el sistema tradicional de vivienda en la ciudad de México, cuya base eran las casas particulares o las grandes vecindades. Es importante prestar atención al contexto político de aquellos años en la Ciudad de México donde, como señala Enrique de Anda; los multifamiliares se construyen para darle vivienda a un proletariado sin hogar en búsqueda de que los beneficiarios muestren su lealtad al régimen en tiempos electorales. Asimismo, en el imaginario sobre quién debía habitar estos nuevos espacios, se pensaba en los prototipos de hombre y mujer revolucionarios que responden a una nueva moralidad que los hace “industriosos, instruidos y patriotas” (Anda, 2008: 196).

Excede los límites de este trabajo establecer vínculos con los demás proyectos de multifamiliares que se construyeron en la Ciudad de México, como fue el caso del Centro Urbano Presidente Alemán. Sin embargo, es claro que la Unidad Habitacional de la SCOP fue parte de un plan magno gubernamental para cumplir, entre otros, con los objetivos que detalla de Anda.

Hablemos ahora de Raúl Ruiz, comenzó a trabajar para el entonces novel Instituto Mexicano del Seguro Social en 1951 y para 1956 se convirtió en el primer administrador de la Unidad Habitacional IMSS-Narvarte.[27] Sus labores fueron, entre otras, la coordinación de los trabajos de mantenimiento dentro de la unidad, el cuidado de esta y la distribución de los departamentos para los inquilinos que llegaban (Ruiz Mondragón, 2016: 6). El señor Ruiz es recordado también por su papel como gestor de diversas prebendas a favor de los vecinos; por ejemplo, Eduardo Ruíz menciona que “Había entonces todo un grupo de trabajadores para el bienestar y confort de los nuevos inquilinos. No tenían ni que barrer la escalera” (Ruiz Mondragón, 2017: 9).  Por su parte, Pedro Cacho habló sobre la banda de rock que existía en la SCOP y cuyos instrumentos fueron donados por el PRI, previa intervención del administrador, quien incluso les consiguió un espacio para ensayar y resguardar su equipo dentro de la unidad. Con los años, la banda se consolidó alcanzando cierta fama en las colonias vecinas. Cacho consideró también que Raúl Ruiz les inculcó “buenos ejemplos. Disciplina, respeto, camaradería (…) Nos conminaba a ser buenas personas” (Ruiz Mondragón, 2017: 18).

Ruíz también se encargaba de instaurar los valores nacionalistas del PRI en los habitantes de la SCOP. Así pues, se organizaba la ceremonia de honores a la bandera, la banda de guerra y cada septiembre la Unidad Habitacional era decorada con luces al estilo de los edificios de gobierno. Dicha costumbre también se retomaba en diciembre. Con la intención de fomentar la unidad entre los vecinos y la identidad, cada año, en el aniversario del conjunto, organizaban el concurso de “La reina de la SCOP” (Ruiz Mondragón, 2017: 20). Raúl Ruiz fue administrador de la Unidad Habitacional IMSS Narvarte de 1956 a 1966 y después en un segundo periodo de 1969 a 1972 (Ruiz Mondragón, 2016: 7).

Soledad Loaeza apunta que “[l]os cambios que acarrea la modernización benefician a las clases medias porque hacen que el poder se disgregue, así quienes tiene educación pueden acceder a él sin tener dinero. Incluso si no tienen dinero ni educación, entonces pueden escalar por sus habilidades políticas” (Loaeza, 1988: 24). Puntualizando esta idea, Anne Staples afirma, citando a Brígida von Metz, que “la movilidad social es siempre relativa, pues depende de la sociedad circundante y está relacionada con las leyes, costumbres y valores vigentes en determinada época y lugar” (Staples, 2016: 3). Un ejemplo de lo anterior lo encontramos en la recopiladora de los testimonios que hemos analizado, Laura Ita Andehui Ruíz, hija del administrador de la SCOP Raúl Ruiz, nació y creció en SCOP, su familia perteneció a la clase media y ella pudo cursar estudios universitarios como socióloga, gracias a los cuales consiguió un puesto como profesora universitaria (Ruiz Mondragón, 2016: 18).  Cumplió entonces con la idea que se tenía de las clases medias como un estrato que garantiza la movilidad social.

Mientras tanto, el señor Ruíz logró mantener el estatus de su familia gracias al sueldo que percibía como administrador de la SCOP. El pago a Ruíz derivaba del amplio crecimiento económico mexicano. Además, con esos recursos se crearon y mantuvieron instituciones como el Partido Revolucionario Institucional que se encargó de mantener el control político y el Instituto Mexicano del Seguro Social que buscó la cohesión entre las clases medias. Ambas creaciones se preocuparon por llevar a cabo la promesa de cambio social por las vías más diversas posibles y, fundamentalmente, mediante la organización de la base social en sus diversas capas. Se creó también la Confederación Nacional de Organizaciones Populares (CNOP), organismo que concentraba movimientos caracterizados por provenir de entornos urbanos y tener demandas claramente diferenciadas de los sectores industriales y agrarios (Loaeza et al, 2010: 338). Además de buscar “la reconstrucción de una identidad precisa de los sectores medios (…). La CNOP llegó a ser considerada un sinónimo de clase media. Se trataba, pues, de la reconfiguración de un partido cuyo centro era la clase media “política” a través de su sector: la CNOP” (Bertaccini, 2006: 15).

Podemos ver a Ruíz como uno de los ejes fundamentales del proyecto estatal dentro de la Unidad Habitacional, puesto que “[l]a organización del PRI, apoyada en sindicatos, en ligas agrarias, asociaciones de pequeños comerciantes, taxistas y habitantes de colonias populares, fue también un canal de interacción entre la población y el gobierno, relación que se nutría en la escuela pública y en la celebración periódica de campañas electorales y de comicios estatales y, desde luego, nacionales” (Loaeza et al, 2010: 354). El administrador se encargaba de hacer explícito que los apoyos que se recibían para los habitantes del conjunto habitacional eran otorgados por el PRI mediante la CNOP, dicha organización siempre funcionó como un vínculo directo entre el partido, el gobierno y, agregaría, las clases medias (Bertaccini, 2006: 16).

Durante 1960 a 1970 vivían en la Unidad Habitacional IMSS-Narvarte entre 2,000 y 2,500 personas, la mayoría de ellas eran jóvenes y niños cuyos padres trabajaban en la SCOP o en alguna otra dependencia que les otorgaba protección por parte del IMSS y del ISSTE.[28] Representaban a la clase media de la ciudad de México, misma que les otorgó todos los medios a su alcance para crear una generación nacionalista (en la SCOP se hacían honores a la bandera los días lunes y había una banda de guerra integrada por las niñas y niños que allí vivían), con un fuerte sentido del trabajo, educada y siempre aspiracional.

Las tardes para los jóvenes en la Unidad Habitacional transcurrían en la explanada que se formaba junto a las bombas de agua frente al edificio 17 (Ruiz Mondragón, 2016: 17). Quienes ahí se reunían, pasaban el tiempo “comenzando a desarrollar nuestras destrezas físicas, cuántos de nosotros no fuimos basquetbolistas formando los equipos infantiles y juveniles de la SCOP, cuántos no jugamos un veintiuno o un partido y pasamos la tarde patinando, corriendo, mirando a alguien volar cometas (…). Hoy mucho de ello ha desaparecido o es inaccesible. En aquellos tiempos fueron extensión de nuestra casa” (Ruiz Mondragón, 2017: 10). El basquetbol fue un pilar en la vida de los vecinos, muchos de ellos recuerdan haber formado parte de los equipos infantiles y juveniles de la SCOP. Entrenaban en el gimnasio de la Secretaría y los uniformes, incluso los tenis con los que jugaban les eran patrocinados por las autoridades de la dependencia, “nos creíamos los muy importantes” (Ruiz Mondragón, 2016: 19), recuerda Laura Ruíz.

El basquetbol fue tan importante para la identidad, tanto de empleados como de vecinos, que la Secretaría llegó a organizar partidos entre el equipo de la SCOP y conjuntos que venían de los Estados Unidos, además de recibir a la liga interinstitucional del gobierno mexicano, donde el partido más importante era entre la Secretaría de Marina y la de Comunicaciones. Inclusive en la Unidad Habitacional vivieron estrellas del deporte como David Barón, quien fuera seleccionado nacional en los años sesenta y Rubén Alcalá quien destacó por su participación en las olimpiadas de Canadá en 1976 (Ruiz Mondragón, 2016: 22).

Hasta aquí hemos tomado la visión del Estado que nos ofrecen las fuentes, por lo que no observamos críticas o matices. Sin embargo, es necesario decir que el Estado solo se preocupó por los jóvenes de la clase media urbana que necesitaba afianzar. Se quedaron fuera de estas prebendas las juventudes que llegaron como parte de las migraciones internas que acarreó el auge de la Ciudad de México. También fueron duramente reprimidos y asesinados aquellos que protestaron y señalaron las fallas del régimen, su autoritarismo, la desigualdad y que lucharon por diversas libertades de las que hoy en día gozamos. Es interesante notar cómo, unas décadas más tarde, el Estado decidió abandonar su papel como “protector” de los jóvenes, acción que derivó en el nacimiento de las llamadas “generaciones perdidas” de 1980 y 1990. No es el tema de este trabajo estudiar las diversas facetas que exhibió el régimen priista durante más de 70 años de mandato, pero soy consciente de los procesos violentos y autoritarios que marcaron dicha época.[29]

Una actividad que marcó profundamente la rutina de las familias en la Unidad Habitacional fue reunirse para ver televisión. Laura Ruíz recuerda pasar tardes con sus hermanos frente al novedoso aparato, entretenidos con programas como El cuento de Cachirulo, La bruja maldita o la serie estadounidense La pandilla. Lo anterior es un fiel reflejo de la parrilla de programación que se ofrecía para la década de 1960, la cual se componía de teleteatros nacionales, la retransmisión de contenidos norteamericanos y noticieros. La televisión fue una apuesta, por parte de los medios de comunicación y la industria del entretenimiento, para promover lo doméstico. Además, se planteaba como el momento en que la familia podía congregarse sin salir de casa, ofreciendo programas para todo público. Lo anterior a pesar de que la Televisión fue un electrodoméstico, durante sus primeros años, de lujo. Sin embargo, El Universal reportaba que para 1958 existían alrededor de 428,824 televidentes, esto se debía a la costumbre de varias familias de reunirse en la casa de aquellos que contaran con el aparato para seguir los contenidos, como veremos a continuación (Ramírez Bonilla, 2015: 299-301).

El gran cisma televisivo llegó con la aparición de las telenovelas, un producto visual que rápidamente atrapó a los televidentes tan acostumbrados a seguir dramas semanales a través de las radionovelas. En el caso de Laura Ruíz, ella recuerda que sus padres fueron grandes seguidores de La tormenta “una telenovela histórica hecha por Telesistema Mexicano (hoy Televisa). Fue muy interesante porque fue una historia de amor en un contexto de hechos reales que desembocaron en el triunfo de la República en México” (Ruiz Mondragón, 2016: 19). La cita anterior, y el testimonio que aparece a continuación, nos permiten constatar el papel de la televisión, por lo menos, en algunas familias que vivieron en el centro SCOP. La aparición de este nuevo medio de comunicación no fue solo un distractor, sino que funcionó como un transmisor de ideologías y opiniones emanadas desde un reducido grupo de personas al mando de los canales de tv.

Laura Ruíz recuerda que algunos vecinos iban a su casa para ver telenovelas pues no todos tenían acceso a este electrodoméstico. Como bien indica Laura Ramírez, “ver una telenovela implicaba, por lo general, promover un plan familiar. Sobre todo, para la franja del final de la tarde y la noche” (Ramírez Bonilla, 2015: 327). Tener una televisión además era una cuestión de estatus. Los grandes almacenes entendieron esta dinámica y comenzaron a lanzar créditos para que la población pudiera adquirir un equipo. Hacia 1952 se calculaba que existían alrededor de 20 mil aparatos en el país (Ramírez Bonilla, 2015: 297).

Uno de los aspectos donde tradicionalmente se ubica a las clases medias es la educación, puesto que les “ha distinguido y definido consistentemente, ha sido la base de su prestigio, ha justificado sus aspiraciones de movilidad social y sus pretensiones de liderazgo político, pero sobre todo les ha proporcionado instrumental para orientar ideológicamente a la sociedad y con ello preservar una posición que, en México, es de privilegio” (Loaeza, 1988: 13). El Estado ha sido el principal garante de la educación y para el caso de la Unidad Habitacional en los departamentos A y C del edificio 8 se localizaba el centro de Bienestar Social del IMSS donde se daban cursos de arte dramático, piano, canto, belleza, corte y confección y también clases de Francés impartidas por Carmen Oviedo López Portillo, quien era familiar del presidente José López Portillo (Ruiz Mondragón, 2016: 23).

En cuanto a la educación formal, la colonia Narvarte ofrecía posibilidades desde el nivel preescolar en el Jardín de niños Gabriela Mistral que se ubicaba entre la Av. Xola y la calle Cuenca, a cuatro cuadras de la SCOP. Para nivel primaria existían varías opciones: la primaria Mariano Azuela que era la predilecta de los vecinos, la Presidente Miguel Alemán, la Estado de Chiapas y, para algunos pocos, el Colegio Simón Bolívar que era privado. Inclusive, algunos años más tarde se construyó la escuela primaria Laos en la calle Cumbres de Acultzingo, muy cerca de la ya existente Mariano Azuela (Ruiz Mondragón, 2017: 11).

Para nivel secundaria las opciones se reducían y los testimonios nos hablan en específico de una escuela, la secundaria número 38 Josefa Ortiz de Domínguez, que se encontraba en la esquina de Av. Coyoacán y San Borja en la vecina colonia Del Valle. La mayoría de los jóvenes que cursaron estudios de este nivel lo hicieron en “La Josefa” (Ruiz Mondragón, 2016: 35). Para los siguientes niveles educativos se volvió necesario trasladarse a otras partes de la ciudad y matricularse en alguna preparatoria de la UNAM o del IPN.

La educación que se le dio a las clases medias fue un enorme privilegio. Para 1956, de cada mil alumnos inscritos en primer año de primaria, solo 134 llegaban al sexto. Por esa razón la SEP lanzó en 1959 el plan de once años con el objetivo de ayudar a la conclusión del nivel primaria mediante programas sociales como los desayunos gratuitos dentro de las escuelas o los libros de texto sin costo para todos los estudiantes. Los resultados fueron palpables pero insuficientes. Una década después, 35% de la población mayor a seis años nunca había pisado una escuela. Exclusivamente el 13% terminó la primaria, 5% la secundaria y un raquítico 1.5% logró continuar hasta la educación superior. El caso de las mujeres fue particularmente preocupante, puesto que entre las mayores de 15 años el 30% era analfabeta (Loaeza et al, 2010: 373).

Con las cifras anteriores podemos comprender mejor la importancia que tenía la educación en el contexto de las clases medias, era el medio arquetípico que se difundía como el único posible para hacer válida la movilidad social y alcanzar las metas personales. Sin embargo, estudios recientes como el de Javier Rico y Juan A. Salazar nos muestran que el trinomio jóvenes-estudiantes-rebeldes, es inexacto para abarcar la heterogeneidad de las juventudes en los años sesenta del siglo XX mexicano. Encontramos pues jóvenes que se dedican a viajar, a trabajar desde edades tempranas o se desarrollan en la música. No es el objetivo de este trabajo explorar dicha heterogeneidad, pero me parece importante señalarla (Rico Moreno y Salazar Rebolledo, 2018: 113-128). Por su parte, los integrantes de la familia Ruíz siguieron el modelo arquetípico hasta convertirse en profesionistas. Laura es socióloga e, inclusive, su hermana es profesora de francés, idioma que comenzó a estudiar en el Centro de Bienestar Social del IMSS, que mencionamos anteriormente.

Otro de los campos donde podemos rastrear a las clases medias de la SCOP es en sus hábitos de consumo, qué compran, dónde lo compran, qué comen, dónde les gusta pasar el tiempo fuera de la ciudad, en resumidas cuentas, cómo hacen uso de sus recursos económicos. Los testimonios que trabajamos también nos dan muestras en el rubro del consumo, los presentaremos a continuación.

El señor Ruíz aprendió a manejar en un Dodge Coronet del año 1952 propiedad de un amigo, un tiempo después adquirió el vehículo y en él llevaba de paseo a su familia cada fin de semana: “En mi infancia todos los domingos mis papás nos llevaban de paseo. Íbamos a La Marquesa, al Valle de las Monjas, al Valle de los Conejos, al Valle del Silencio, a Xochimilco, a balnearios en Morelos como a las aguas sulfurosas de Agua Hedionda, Las Estacas y al Centro Vacacional Oaxtepec” (Ruiz Mondragón, 2016: 17).  Lucio Mendieta consideraba que la clase media en la ciudad de México, “[i]mita las formas de vida de la clase alta, imita la forma cara de vestir y recurren al crédito para comprar sus cosas (…) las de mejores condiciones poseen un automóvil, generalmente adquirido de medio uso y a largo plazo” (Mendieta y Nuñez, 1955: 527). El anterior es un fragmento perteneciente a uno de los primeros estudios que se hicieron sobre dicho grupo social y es interesante porque condensa correctamente los hábitos de consumo de los habitantes de la SCOP. Un estudio más reciente sobre la cuestión de consumo dentro de las clases medias de los años sesenta la encontramos en la tesis de Juan Salazar Rebolledo, quien nos muestra como el american way of life influyó directamente en la manera de comprar para los habitantes de la Ciudad de México. Además, el autor repara en los significados simbólicos del consumo, acción que funciona como parte de una conformación identitaria, siempre insatisfecha, que solo se mantiene en función de seguir comprando (Salazar Rebolledo et al. 2018: 38-39).

Tanto los productos comestibles, como el calzado y vestido eran de manufactura nacional, por ejemplo, los tenis Superfaro o Dunlop. Los vecinos del conjunto hacían sus compras en los mercados de la zona y, con mayor frecuencia, en la tienda de la Secretaría de Obras Públicas que se ubicaba en la fachada de la unidad habitacional sobre Av. Cumbres de Acultzingo; algunos de los artículos de la canasta básica eran jamón, tocino, aceite, cilantro y huevos (Ruiz Mondragón, 2016: 36).[30] Dos veces por semana aparecía en la entrada de la Unidad Habitacional la tienda móvil perteneciente a la Compañía Nacional de Subsistencias Populares (CONASUPO), empresa estatal que desde su creación se encarga de proporcionar alimentos a bajo costo y, principalmente, leche de vaca pasteurizada para las niñas y los niños. En la tienda móvil se podía adquirir leche natural y de sabor vainilla o chocolate, venía envasada en triángulos tetra pack de un litro (Ruiz Mondragón, 2016: 37).

Cuando la familia Ruíz necesitaba comprar ropa y calzado acudía al centro histórico donde se encontraban los grandes almacenes de la época como Astor, Almacenes Blanco, Al Puerto de Veracruz, Telas Junco o El Borceguí (Ruiz Mondragón, 2016: 38). Otro mecanismo para conseguir mercancías era comprarlas a personas que las traían de Estados Unidos para revenderlas. De este modo compraban, por ejemplo, los tenis Converse o el jabón Dove, a estos productos se les conoce como fayuca y en su momento era algo a lo que pocos podían acceder por su elevado costo (Ruiz Mondragón, 2016: 20).

Como podemos observar, la economía mexicana era sumamente nacionalista, se apostaba por el desarrollo de la industria y desde hacía varias décadas “el gobierno integró un conjunto de medidas -aranceles y permisos de importación- para proteger a la industria nacional de la competencia extranjera.[31] Así, el mercado mexicano quedó casi cerrado a productos del exterior, permitiendo que solo las empresas locales tuvieran facilidades para la importación de maquinaria y equipo (Loaeza et al, 2010: 351).

Observamos, a través de la Unidad Habitacional del Centro SCOP, que el crecimiento de una clase media en la Ciudad de México cumple con algunas de las características tanto de adquisición como aspiracionales y se desenvuelve con naturalidad en el ambiente de la época. Las repercusiones que el modelo de Estado paternalista tuvo sobre los sujetos en que lo experimentaron son diversas. Algunas fueron positivas, como el hecho de permitirle a esta estrecha franja social seguir ascendiendo en la pirámide mediante la educación, acceder a empleos mejor pagados y garantizarles un futuro promisorio. Sin embargo, por el otro lado las desigualdades entre las clases medias y bajas se acentuaron hondamente, lo cual trajo consigo las problemáticas sociales que se hicieron evidentes cuando se agotó el modelo. Expresiones de descontento social como huelgas, manifestaciones y levantamientos armados, se sumaron a los desastres naturales, como el terremoto de 1985, para evidenciar la fragilidad del Estado, quien respondió haciendo uso de su cara represora y autoritaria.

Fue el objetivo principal de este trabajo mostrar la especificidad de una clase media que se desarrolló en la Unidad Habitacional de las SCOP, a través de ella podemos observar el prototipo arquetípico que el régimen pretendía homogeneizar para sus habitantes, cuales fueron sus valores, aquello que podían comprar y, sobre todo, las relaciones interpersonales que tejieron a lo largo de su vida. Quedará para una futura investigación el contraste de estas experiencias con las de otras clases sociales e, incluso, con otros miembros de la clase media que tuvieron experiencias distintas como aquellos que participaron en movimientos sociales y estudiantiles. Sin embargo, una mirada como la que acabamos de dar a la especificidad del Centro SCOP, nos permite entender mejor a las clases medias de los años cincuenta y sesenta del siglo XX mexicano.

 

FUENTES DOCUMENTALES

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[1] Tesista de la carrera de Historia por la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México. Estancia de Investigación en la Universitat Pompeu Fabra, Barcelona, España (2019). Asistente de Investigación para la Universidade Federal de Pernambuco, Brasil (2017-2018). Actualmente Becario de Investigación en el Centro de Estudios Históricos de El Colegio de México. Temas de interés: historia de la Arquitectura, historia contemporánea, patrimonio, historia de la vida cotidiana, historia política. ID ORCID: https://orcid.org/0000-0002-4537-778X

E-mail: [email protected]

[2] Quiero agradecer a mis compañeras y compañeros del Seminario de Estudios sobre el Centro SCOP quienes hemos trabajado incansablemente desde hace ya más de tres años buscando el reconocimiento y la conservación de un espacio tan importante para la Ciudad de México. El presente texto se nutre de las discusiones que tuvimos y de las muchas horas que compartimos.

[3] Gerencia de promoción, “Cuestionario de sugestión sobre la consulta que se hace a los CC. Directores y Jefes de Departamento, acerca de los beneficios obtenidos con el traslado al nuevo centro SCOP", el 20 de junio de 1955, Caja 2, EXP. 37, Archivo de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes.

[4] Cuestionario SCOP Departamento de comisiones alámbricas, (Gerencia de promoción 1955)

[5] Cuestionario SCOP Departamento de contaduría y glosa, (Gerencia de promoción 1955)

[6] Cuestionario SCOP Departamento de Telecomunicaciones Inalámbricas, (Gerencia de promoción 1955)

[7] Telecomunicaciones Inalámbricas (Gerencia de promoción 1955)

[8] Cuestionario SCOP Departamento de Inspección General, (Gerencia de promoción 1955)

[9] Departamento de Contaduría, (Gerencia de promoción 1955)

[10] Departamento de comisiones alámbricas, (Gerencia de promoción 1955)

[11] Dirección General de Construcción de Ferrocarriles Departamento de Administración, (Gerencia de promoción 1955)

[12] Dirección General de Construcción de Ferrocarriles Departamento de Conservación, (Gerencia de promoción 1955)

[13] Dirección General de Correos, (Gerencia de promoción 1955)

[14] Dirección General de Correos, (Gerencia de promoción 1955)

[15] Departamento de Inspección General, (Gerencia de promoción 1955)

[16] Dirección de comunicaciones inalámbricas, (Gerencia de promoción 1955)

[17] Departamento de Tráfico, (Gerencia de promoción 1955)

[18] Departamento de Tráfico, (Gerencia de promoción 1955)

[19] Departamento de Tráfico (Gerencia de promoción 1955)

[20] Departamento de Servicio Social, (Gerencia de promoción 1955)

[21] Departamento de Control Técnico, (Gerencia de promoción 1955)

[22] Departamento de Contaduría y Glosa, (Gerencia de promoción 1955)

[23] Oficina de Estadística y Publicaciones, (Gerencia de promoción 1955)

[24] Instituto Mexicano del Seguro Social, Archivo de Prensa, febrero 1956, I. Novedades, Sección primera. P. 7. Citado por: Laura Ita Andehui Ruiz Mondragón, La Unidad Habitacional Narvarte, la SCOP, Sesenta Aniversario 1956-2016 (México: Edición Independiente por parte de la Autora, 2017). P. 7.

[25] Durante la pandemia derivada por el COVID-19 intenté contactar con Laura para realizarle una entrevista vía remota y ahondar en sus memorias, sin embargo, no conseguí respuesta alguna. Vaya de cualquier manera mi agradecimiento sincero por sus textos.

[26] La señora Meneses menciona la Secretaría de Comunicaciones y Transportes, pero en realidad se refiere a la SCOP. Es importante aclarar que la SCOP cambia de nombre a Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT) en 1958.

[27] Unidad Habitacional IMSS-Narvarte, es el nombre oficial del edificio sobre el cual habla este artículo y que, en el día a día, se conoce como Unidad Habitacional SCOP. El incluir IMSS en el nombre no es casual si pensamos en que, como vimos algunas páginas atrás, la mitad de los departamentos fue repartida entre afiliados al IMSS que no trabajaban en la SCOP.

[28] Instituto Mexicano del Seguro Social, Archivo Histórico, Avalúo de la Unidad Habitacional Narvarte, 12 de enero de 1982, foja 4.

[29] Un ejemplo de los trabajos que matizan el papel del Estado en la época que aquí trabajamos es: Peter H. Smith, “El imperio del PRI”, en Historia de México, ed. Anna, Timothy (Barcelona: Editorial Crítica, 2001) p. 321.

[30] No debe confundirse la Secretaría de Obras Públicas (S.O.P) con la Secretaría de Comunicaciones y Obras Públicas (S.C.O.P). La S.O.P a la que nos referimos es el antecedente de la hoy llamada Secretaría del Bienestar.

[31] Una interesante perspectiva de los esfuerzos que hizo el Estado mexicano por consolidar su industria se relata extraordinariamente en: Aurora Gómez-Galvarriato, “La construcción del milagro mexicano: El Instituto de Investigaciones Tecnológicas, el Banco de México y la Armour Research Foundation.”, Historia Mexicana 69, núm. 3 (275) (2020), p. 1247–1310.