La economía zapatista, miradas hacia los proyectos productivos en La Escuelita Zapatista

The zapatist economy, a collective approach to the productive projects at the Escuelita Zapatista.

A economia zapatista, um olhar coletivo aos projetos produtivos na Escuelita Zapatista

 

Mg. Ana Lilia Félix Pichardo (Investigadora Independiente, México)[1]

Fecha de recepción: 15 de abril de 2021

Fecha de aceptación: 28 de mayo de 2021

 

Resumen

Este trabajo aborda la transformación de las relaciones sociales en territorio zapatista. Se indaga en cómo los proyectos productivos de corte cooperativo y colectivo sustentan las actividades políticas y culturales de las comunidades. La investigación es resultado de un acercamiento múltiple a diversas comunidades a través de la iniciativa política La Escuelita Zapatista, de donde se recupera la memoria de varias asistentes a esta iniciativa que vivieron en las comunidades autónomas. Se engarzan conceptos como territorio, formas de vida, memoria y economía de tal manera que es posible reflexionar sobre las condiciones de vida colectiva en territorios autónomos. El centro de interés de este artículo son las cooperativas o proyectos productivos que pudieron ser observados en cada comunidad, despejando las variables territoriales entre diversos proyectos de carácter familiar o colectivo.

Palabras clave: Zapatismo, Autonomía, Pueblos originarios, EZLN, Anticapitalismo.

Abstract

This work talks about the transformation of social relationships in zapatist territory. It investigates how cooperative and collective productive projects support the political and cultural organization of the communities. This research work is result of a multiple approach to various communities through the political initiative La Escuelita Zapatista, from which the memory of several assistants to this initiative who lived in the autonomous communities is recovered. Concepts such as territory, ways of life, memory and economy are linked to reflect on the collective living conditions in autonomous territories. The focus of this article are the cooperatives or productive projects that could be observed in each community, explaining the territorial variables between various projects.

Keywords: Zapatism, Autonomy, Indigenous people, EZLN, Anticapitalism.

Resumo

Este trabalho aborda a transformação das relações sociais no território zapatista. Investiga como os projetos produtivos cooperativos e coletivos apoiam as atividades políticas e culturais das comunidades. A pesquisa é resultado duma abordagem múltipla através da iniciativa política La Escuelita Zapatista, da qual se recupera a testemunha de vários assistentes desta iniciativa que estiveram nas comunidades autônomas. Conceitos como território, modos de vida, memória e economia estão ligados de tal forma que é possível refletir sobre as condições de vida coletiva em territórios autônomos. O centro de interesse deste artigo são as cooperativas ou projetos produtivos que puderam ser observados em cada comunidade, esclarecendo as variáveis territoriais entre vários projetos de natureza familiar ou coletiva.

Palavras chave: Zapatismo, Autonomia, Povos indígenas, EZLN, Anticapitalismo.

Cómo citar: Félix Pichardo, A. L. (2021). La economía zapatista, miradas hacia los proyectos productivos de en la Escuelita Zapatista. Revista Pares, 1(1), 59-88.

I.                   Notas introductorias

Dentro de los últimos años, la autonomía política y control territorial de las Bases de Apoyo Zapatista se ha consolidado de tal manera que los quehaceres productivos autónomos han crecido y se han fortalecido. La intención de crear autogestión con base en el trabajo colectivo fue una de las intenciones desde el comienzo del proyecto zapatista. Uno de los fundamentos del levantamiento armado en 1994 fue la “recuperación” de tierras por parte de los pueblos originarios de la región en el estado de Chiapas, México. Al día de hoy, y luego de 27 años de que el EZLN se dio a conocer públicamente, las transformaciones internas no han sido pocas, pero el conocimiento sobre las cuestiones productivas y económicas parecen solo alimentar marginalmente las investigaciones sobre el carácter político de la propuesta zapatista, cuando en realidad debieran ser el centro del interés de cualquiera que deseara acercarse al proyecto político.

El interés en torno al zapatismo varía según las perspectivas disciplinares, teóricas y metodológicas desde las que se observe. Como fenómeno en constante transformación interesa a las ciencias sociales como una propuesta política que muda las relaciones al interior del territorio, además de la influencia que ha significado para los movimientos anticapitalistas en México y el mundo (Holloway, 2002). Se han llevado a cabo diversos y profundos análisis sobre el ejercicio del poder colectivo y la forma de hacer política, la democracia directa como un mecanismo permanente de participación de las bases de apoyo (BAZ) en el gobierno autónomo (Brancaleone, 2015). También ha sido de interés la participación de las mujeres y jóvenes en el proyecto político y administración del autogobierno a partir de la creación de las Juntas de Buen Gobierno (JBG) (Eraña, 2016), así como la diversificación de servicios ofrecidos por los esfuerzos colectivos de las comunidades, entre los que destaca el proyecto autónomo de salud y de educación (Baronnet, 2011). La otra economía (C. S. EZLN, 2015) atraviesa esas alternativas que el zapatismo ha creado para satisfacer las necesidades básicas de los pueblos, puesto que la propuesta de carácter anticapitalista intenta reunir aquello que la lógica capitalista y estatal escinde: economía y política (Agamben, 2017: 269).

La observación empírica de los procesos cotidianos es necesaria para la fundamentación de cualquier posible reflexión al respecto, a pesar de que la comunicación entre el zapatismo y colectivos y organizaciones del exterior dé amplias cuentas sobre los alcances de la autonomía (EZLN, 2016). Es quizá en la complejidad de la vida cotidiana el espacio donde sea posible tener un acercamiento a la transformación de las relaciones sociales que se gestan a partir de la implementación de nuevos vínculos económicos y políticos. La inaccesibilidad de esos espacios más íntimamente cotidianos de las comunidades quizá es una de las barreras que han impedido la investigación respecto a esa otra economía, entendida en su más amplio sentido. La cotidianidad en territorio zapatista se desarrolla bajo una constante tensión, ya que se construye en resistencia a la lógica mercantil capitalista de ordenamiento de la vida y del territorio.

El contexto en que se desarrolla la propuesta zapatista en territorio chiapaneco, lo que se ha determinado por algunos expertos en militarización y paramilitarismo como “guerra de baja intensidad”, es una de las dificultades que impiden el acceso a las comunidades y limitan los trabajos de investigación. A pesar de que el zapatismo es uno de los movimientos sociales con mayor cercanía con la sociedad civil nacional e internacional y uno de los fenómenos sociopolíticos más estudiados, la comprensión de los procesos más internos, como lo es el desarrollo de una economía autónoma, basada en el trabajo de corte cooperativo, sigue siendo limitada.

Si se afirma que existen nuevas relaciones sociales emergiendo en territorio zapatista, se debiera profundizar en los procesos del metabolismo social de los pueblos y comunidades como parte de un proyecto integrador de las mismas. Sin embargo, también resulta fundamental comprender esa propuesta política y económica como una maraña de diversidades marcada por la profunda pluralidad cultural de las regiones que integran el territorio de influencia zapatista. La complejidad de lo que podemos llamar zapatismo, sobre todo en este momento en que la influencia y toma de territorios ha crecido considerablemente, debe ser una de las claves para poder aportar reflexiones al respecto.

Este trabajo es resultado de un proyecto de investigación que tenía como objetivo indagar sobre los elementos socioeconómicos que permitieran argumentar sobre la transformación de las relaciones sociales en territorios zapatistas. Se vincularon conceptos como territorio, economía y memoria como coordenadas para emprender la pesquisa sobre cómo es que las comunidades zapatistas trabajan en la construcción de los otros mundos. Metodológicamente se integraron varias fuentes de información como dislocadas visitas a las comunidades en el marco de festivales y encuentros convocados por el EZLN, comunicados de las Juntas de Buen Gobierno, así como una serie de entrevistas a un grupo de personas que fueron alumnos de La Escuelita Zapatista, aunadas a la experiencia personal en ese mismo acontecimiento.

El grupo de informantes entrevistados son trece personas que acudieron como estudiantes al curso de “La libertad según [email protected] zapatistas” en alguna de las tres vueltas realizadas. Ocho asistieron a La Escuelita en agosto del 2013, una persona en diciembre del mismo año y el resto estuvo en la vuelta de enero del 2014. Distribuidas en los cinco caracoles existentes hasta ese momento, las personas entrevistadas aportan información desde una experiencia que puede ser distinta a la de otro informante dada las diferencias entre una región y otra. También, en muchas de las aportaciones de los entrevistados, es posible comprender que sus palabras se nutren y hacen eco de otras experiencias de personas de sus colectivos o con quienes intercambiaron vivencias sobre La Escuelita. Se muestra en la siguiente imagen la distribución geográfica de los centros organizativos zapatistas conocidos como caracoles, los cuales eran en aquellos años: I La Realidad, II Oventik, III La Garrucha, IV Morelia y V Roberto Barrios.

 

En el mapa de Chiapas y la distribución de los pueblos originarios se puede observar cómo cada caracol abarca regiones naturales y culturales bastante diversas. Las comunidades zapatistas agrupan pueblos tojolabales, tzotziles, tzeltales, mames, choles y zoques. En la serie de comunicados, La treceava estela, que preceden el nacimiento en 2003 de los caracoles, el EZLN señala qué pueblos originarios conforman cada región delimitada ahora bajo la división geográfica de la autonomía (Marcos, 2003).

De los informantes, seis estuvieron en el caracol de Roberto Barrios; tres en La Realidad; dos en Morelia; uno en La Garrucha; una en Oventik. El SCI Moisés (2015: 84) explica que las regiones agrupan entre 40 y 60 pueblos, los municipios se integran por regiones, de 2 a 5, y la zona está integrada por todos los MAREZ de un espacio determinado. Las zonas son el nivel más alto de división geográfica e integran cientos de pueblos y comunidades. Organizativamente, cada zona tiene una JBG que se conforma con la participación rotativa de Bases de Apoyo de todas las regiones y municipios. Los centros políticos de cada zona son los caracoles, espacios de encuentro, de intercambio, de formación y de vinculación con el exterior. Al día de hoy son ya 12 caracoles que se anunciaron en agosto del 2019.

Siete de los entrevistados son hombres y seis mujeres; sus edades oscilan entre los 26 y los 58 años de edad. Nueve son de nacionalidad mexicana, de tres diferentes estados del país, mientras que cuatro son de nacionalidad brasileña de tres diferentes estados del país. Salvo una persona de las nueve mexicanas, todas asumen una trayectoria de militancia cercana al zapatismo, como adherentes a la Sexta, aunque tres de ellas también con una trayectoria previa al 2005 y a la Sexta Declaración de la Selva Lacandona. De filiación anarquista, una de las personas brasileñas también señala la importancia del zapatismo como referente para su militancia. Los otros tres informantes brasileños hacían parte de otras organizaciones como el Movimento dos Trabalhadores Rurais Sem Terra (MST) y el Movimento dos Trabalhadores Sem-Teto (MTST). Doce de las trece personas entrevistadas mantienen una militancia activa en diversos colectivos y organizaciones, tanto en México como en Brasil; las trece acuden en aquel momento a La Escuelita mediante esfuerzos colectivos y en grupos organizados.

Se llevaron a cabo entrevistas a profundidad (Toro, 2010) de entre cuarenta minutos y dos horas. Con algunas preguntas detonantes del diálogo, las entrevistas se enfocaron en indagar sobre la experiencia vivida durante la estancia en las comunidades, así como en las intenciones personales y organizativas que llevaron a cada informante a participar. Divididas en tres secciones, las entrevistas también se ocuparon de rescatar la importancia que tuvo para los asistentes haber participado de la iniciativa en aquel momento y posterior a ello. Dos de los informantes brasileños fueron entrevistados en su lengua materna, por lo que se realizó la traducción de estas al momento del trabajo de transcripción. De todas las demás, salvo por ciertas modificaciones sintácticas, se trató de respetar las marcas orales y rasgos del habla de los informantes.

Los estudios de campo en las comunidades indígenas zapatistas en ocasiones carecen de una real vinculación con los sujetos políticos, a quienes desean convertir en sus objetos de estudio. En el mejor de los casos es posible recabar información, datos, realizar entrevistas, observar por un tiempo determinado un fenómeno específico. En el sentido contrario, también existe en torno a la experiencia zapatista una franca idealización por parte de investigadores que se remiten a los comunicados para argumentar diversas cuestiones sobre el movimiento. Sin embargo, se carece en la mayoría de la literatura sobre el tema de investigaciones que bajo un sentido ético y de respeto a las formas y tiempos de las comunidades, logren una penetración real en aquello que se pretende conocer. Al llevar a cabo este trabajo, una de las preocupaciones era mediar entre el compromiso político (la militancia propia) y la necesidad de investigar bajo una mirada crítica. Al llevar a cabo las entrevistas a las y los alumnos de La Escuelita Zapatista, fue posible tener una mirada múltiple hacia las comunidades, lo cual enriqueció este trabajo con visiones diversas; además de que esa mirada parte de una vivencia compartida y única en la trayectoria de vida pública del EZLN y las Bases de Apoyo Zapatistas.

El primer curso de la Libertad Según [email protected] zapatistas fue una convocatoria surgida desde las comunidades y dirigida hacia las más diversas identidades, abierta a cualquiera que quisiera acudir por una semana a alguna comunidad del territorio autónomo y convivir diariamente con una familia zapatista como un miembro más. Si bien el principal sector destinatario de esta propuesta política fue La Sexta, aquellos grupos e individuos que asumieran la propuesta anticapitalista de La sexta declaración de la Selva Lacandona como propia, la idea era abrir las comunidades de una manera nunca antes vivenciada. No sería la asistencia de los militantes capitalinos de la CDMX, en el marco de proyectos de salud o educación, tampoco era la visita a los núcleos organizativos (los caracoles) durante un par de días y en la realización de algún encuentro. Asistir como estudiante de la Escuelita zapatista significaba poder penetrar hasta lo más profundo de la organización zapatista, es decir poder vivir en la cotidianidad con quienes soportan la estructura político/militar del proyecto autónomo, las comunidades, las familias BAZ.

Este acercamiento resultó valioso para el propósito de la investigación, puesto que abría la posibilidad de observar las transformaciones sociales en el marco de la vida cotidiana y pensar de qué manera la realidad de las familias y comunidades estaba bajo nuevas lógicas de organización autónoma, nuevas formas de las relaciones sociales y nuevas formas de vida. Se centró la atención en los trabajos productivos, la participación de las mujeres en los ámbitos políticos y económicos, así como en la relación entre el ejercicio político/organizativo con las actividades productivas de carácter colectivo en sus diversos niveles territoriales. En el presente artículo se lleva a cabo la reflexión sobre las tareas y trabajos colectivos que implican a las familias zapatistas en diversas modalidades económicas y políticas. Se trata de delinear el tipo de trabajos cooperativos desarrollados en las comunidades y su vínculo estrecho con el sostenimiento de la actividad y movilización política dentro de los territorios controlados por el EZLN. Se complementan informes sobre la otra economía en territorio autónomo y cómo existe una reintegración entre economía y política con base en el ejercicio democrático y asambleario de la toma de decisiones en cada uno de los niveles de la autonomía.

En el primer apartado del presente artículo se retoman algunas ideas sobre la importancia del trabajo con la memoria en la investigación, ya que las entrevistas realizadas a los y las estudiantes de La Escuelita representaron un arduo trabajo dialógico a partir de la memoria que ellas tenían sobre los días en territorio zapatista. A su vez, la experiencia de la escuelita abrió a las estudiantes la posibilidad de conocer la memoria colectiva de las comunidades, a través de relatos, fotografías, videos, diálogos, lo cual enriqueció la mirada investigativa sobre las transformaciones que se gestan en los pueblos autónomos. El apartado del trabajo colectivo trata de engarzar estos elementos mencionados, de tal manera que se comprendan los alcances sociopolíticos de las prácticas productivas de las comunidades. Al final se llevan a cabo unas reflexiones a manera de conclusión sobre qué significa luchar en clave anticapitalista o qué es aquello que les permite a las comunidades y pueblos incidir en su realidad de tal forma que su realidad cotidiana esté marcada por el ritmo de la vida colectiva y no por la demanda del mercado capitalista.

II.                La enunciación de la memoria

Apelar al trabajo con la experiencia recuperada a través de la memoria es una técnica sumamente compleja y en disputa. Según las perspectivas teórico-políticas que se asuman, la centralidad de la memoria adquiere valoraciones relevantes, irrelevantes, positivas, negativas o insuficientes. Los principales aportes investigativos del trabajo con la memoria provienen, principalmente, de los intentos académicos por atraer las voces silenciadas de las víctimas de genocidios y conflictos bélicos, para reconstruir la historia y poder llevar a cabo análisis políticos más profundos. El testigo toma un rol clave en la reconstrucción de las experiencias que posiblemente no todas las víctimas sean capaces de enunciar y la transmisión dialógica de la memoria se convierte en una fuente de información de profundo interés para la investigación social: “El testigo puede ofrecerle elementos de conocimiento fáctico inaccesibles por otras fuentes, pero, sobre todo puede ayudarle a restituir la calidad de una experiencia histórica” (Traverso, 2007, p. 17).

El protagonismo de la memoria en los estudios históricos y políticos es un síntoma de que, tal y como Benjamin lo pensaba, la experiencia transmitida atraviesa una crisis que tuvo su declive más fuerte luego de culminada la Segunda Guerra Mundial (Traverso, pp. 15-16). Es decir, el hecho por sí necesita la legitimación de la experiencia vivida, del testigo, para poder ingresar en la Historia. No es fortuita la subversión de quien escribe/narra la Historia; el académico, escritor, historiador, se convierte más en un puente y desplaza la visión -otorga la voz- hacia los actores otrora ignorados que narran y comparten su memoria:

 

Esta disimetría del recuerdo –la sacralización de las víctimas antes ignoradas y el olvido de los héroes idealizados en el pasado- indica el anclaje profundo de la memoria colectiva en el presente, con sus transformaciones e inversiones paradójicas. (Traverso, 2007, p. 18)

 

No sin riesgos, la memoria, como objeto de estudio y técnica investigativa en diversas áreas de lo social, ocupa un lugar importante en la reconstrucción y valoración del pasado inmediato. Arriba a ese estatus protagónico también como un campo en disputa de los diversos revisionismos que buscan deslegitimar las voces que subvierten los relatos oficiales y disputan la memoria común en los diversos territorios. Sin embargo, de igual manera es cierto que inherente a la enunciación de la memoria existe un sesgo entre la experiencia vivida, la experiencia recordada y la experiencia enunciada: “La memoria es una construcción, siempre filtrada por conocimientos adquiridos con posterioridad, por la reflexión que sigue al suceso, por otras experiencias que se superponen a la originaria y modifican el recuerdo” (Traverso, p. 22) . Lo anterior no significa que sea descartable el trabajo con la reconstrucción de estos fragmentos del acontecimiento, más preocupante −incluso− es el uso político y público de la memoria, pero sí es importante reconocer la materialidad lingüística con que se trabaja como un aspecto delicado y susceptible de ser atacada por el revisionismo reaccionario.

En el caso que nos ocupa, no es la memoria propiamente el objeto de estudio de la investigación. Es la reconstrucción dialógica de diversas experiencias semejantes lo que se apela a lograr, a través de la memoria como medio. Las personas asistentes a La Escuelita recibidos por las familias zapatistas son testigos de una realidad construida a partir del proceso de Autonomía, aunque también escucharon relatos sobre los primeros días de guerra, el levantamiento armado, el continuo acoso de la guerra de baja intensidad. No es este caso, las entrevistas a los estudiantes de La Escuelita, un trabajo con sobrevivientes a algún siniestro político/militar, ni con víctimas de violencia estatal; más bien, es un ejercicio de memoria en positivo. Los asistentes a las comunidades representan un puente entre quienes sí son sobrevivientes de la guerra y la violencia estatal. Una memoria en positivo, ya que los informantes dan cuenta de construcción de formas de vida, aunque esas vidas colectivas se encuentren en constante amenaza, la centralidad sería aquello que vivieron como contraparte a la destrucción y la guerra, pese a que esta no cese para las comunidades. Es decir, serían las entrevistas a profundidad una vía de acceso a la memoria de diversos individuos que compartieron una experiencia contraria a un siniestro histórico: aquello que se ha erigido como una nueva organización social. Se trata de entrar en contacto con diversas personas que, a su vez, se convirtieron en herederos de una memoria colectiva de comunidades que viven una larga experiencia de resistencia:

 

Nuestros compañeros y compañeras de los pueblos son ellos que tienen que dar la herencia hacia los compañeros y compañeras, los que quieren entrarle de verdad, en La Sexta. Así nació la escuelita, por eso entonces son los compañeros, las compañeras […] vimos eso de que hay que rescatar, no hay que enterrar. (C. S. EZLN, 2015, p. 160)

 

Las familias zapatistas, testigos y actores sobrevivientes del levantamiento armado de 1994 y del posterior proceso autonómico, transmitieron esa serie de experiencias a los alumnos de La Escuelita, como una forma de compartir lo que para ellas y ellos está siendo una forma-de-vida: “Una forma-de-vida es, en este sentido, la que sin cesar depone las condiciones sociales en las que le toca en suerte vivir, sin negarlas, sino simplemente usándolas” (Agamben, 2017, pp. 488-489). De ahí, de esa compartición de varios días en la realidad zapatista es que queremos rescatar lo que, a su vez, las alumnas y alumnos de La escuelita pudieron vivir, observar, de la cotidianidad en las comunidades autónomas.

El tiempo, la reflexión, así como el olvido pueden mediar entre la experiencia y la enunciación memorística de ese momento, por lo que el contraste testimonial resulta clave en el proceso interpretativo: “La memoria individual o colectiva es una visión del pasado siempre matizada por el presente. En este sentido, Benjamin definía el método de Proust como una «presentificación (Vergegenwärtigung)»” (Traverso, 2007, pp. 22-23). No es una comparación meramente de las experiencias, sino la búsqueda de elementos que puedan dar luz sobre los elementos que consideramos clave para reconocer el ejercicio de nuevas relaciones sociales. Dichas formas subyacen en el umbral de la vida familiar/colectiva, que necesariamente tienen sus fundamentos materiales en el trabajo ejercido en la vida cotidiana. El cómo se vive es también el cómo se lucha, en palabras zapatistas cómo se vive en Rebeldía y Resistencia; por lo cual ampliar la ventana hacia esa realidad de las Bases de Apoyo Zapatistas resulta interesante por cómo fue experimentada esa vivencia compartida por diversos actores.

III.             La memoria compartida, la clandestinidad y el levantamiento armado

Siempre es importante recordar las condiciones de vida de las familias no solo previo al levantamiento de 1994, sino también en los años anteriores, hasta donde alcanza a llegar la memoria de las abuelas y abuelos zapatistas. En el libro del Pensamiento Crítico (C. S. EZLN, 2015), el SCI Moisés, mujeres Bases de Apoyo y algunas comandantas hablan de cómo era la vida en las haciendas, la violencia, la explotación y la humillación a manos de los finqueros. Los relatos recogidos por Paulina Fernández (2014) en su libro Justicia Autónoma Zapatista en la zona Tzeltal permiten comprender el grado de explotación a que estaban sometidos hombres y mujeres en las fincas; son los mayores quienes hablan de sus recuerdos e intercambian vivencias compartidas, nombres de los hacendados, fechas. Paulina Fernández rebate los mitos creados por algunos historiadores sobre la vida en las haciendas, quienes caricaturizan las relaciones de explotación, hasta hablar con tonos bucólicos y arcádicos de las violaciones que sufrían las mujeres:

 

No, no se toma como cosa natural. Los abuelitos zapatistas sufren y se entristecen cada vez que lo recuerdan y tan no es natural que −como se verá más adelante− al contar sus historias se refieren a ese “derecho del patrón” como una vil violación. (Fernández Christlieb, 2014, p. 21)

 

Las relaciones de producción estaban mediadas por el desprecio y humillación a los trabajadores por considerarlos menos que animales (C. S. EZLN, 2015, p. 77); la violencia se ejercía a través de varias figuras intermedias entre el mozo o el peón y el patrón. Las personas morían de desnutrición, de cansancio, de enfermedades curables o a manos del patrón que llegaba a matar a golpes. Dice un viejito del Municipio Flores Magón: “Es el coraje que tiene el patrón, porque no hiciste bien el trabajo y que no obedeciste. O por ejemplo, si no te mata, te mata cargando cosas… te trata como un animal y donde acabó la fuerza ahí quedaste” (Fernández Christlieb, 2014, p. 57).

Cuando los estudiantes de La Escuelita visitan las comunidades, les toca convivir con varias generaciones, entre ellas con la de abuelos y abuelas con memorias muy vívidas de los años de explotación y desprecio en las haciendas. También hay generaciones más jóvenes, que ya nacieron en la autonomía y se enfrentan a otras dificultades diferentes a las de sus padres, abuelas y abuelos. Sin embargo, la memoria se comparte colectivamente de mayores a chicos como una clave para seguir construyendo las formas de vida propias y lejos de la humillación de patrones y caporales. Esos recuerdos dotan de significado los esfuerzos permanentes por tomar decisiones, equivocarse y plantear alternativas para la resolución de problemas, como si el levantamiento de 1994 solo fuera el comienzo de un proceso engarzado a un camino más largo. A los estudiantes, no fueron todas las familias quienes les contaron más sobre la guerra, la clandestinidad o el levantamiento; en los momentos propicios, en que el día a día permitió la convivencia con los alumnos de La Escuelita hasta alcanzar un espacio compartido de intimidad, los hombres de las familias les compartieron trozos de sus recuerdos.

En espacios de la vida cotidiana como la cocina y en momentos propios para la complicidad como el compartir y preparar los alimentos, las conversaciones atrajeron las vivencias de las familias mayores durante el proceso de preparación para enfrentar la guerra: “Nos contaban, el compañero, sobre todo, que mientras ellos estaban entrenando decía «las mujeres también le entraban. A las dos de la mañana en punto salían de acá para llevarnos la comida al monte»” (Informante 8, 2020). Estar en el espacio familiar generó vínculos socioafectivos distintos entre cada estudiante y su familia, esos recuerdos colectivos que a la vez significaban dolor y tristeza eran compartidos como muestra de confianza y cariño a los estudiantes. Esos momentos en que, como dice una estudiante, “el compañero se animó a hablar un poco” (Informante 9, 2020) eran conversaciones en que estaban todos los miembros de la casa presentes; un rememorar en colectivo, aunque solo uno hablara.

En el cuaderno de texto Gobierno Autónomo I se explica la transición de los mandos militares a los mandos civiles después de enero de 1994. El surgimiento de los primeros MAREZ (Municipios Autónomos Rebeldes Zapatistas) obedeció a la necesidad de resolver las problemáticas de cada región de manera colectiva: “se empezó a organizar la formación de autoridades locales, comisariados y agentes, de los pueblos zapatistas” (EZLN, 2013a, p. 7). La organización de los territorios ocupados por el EZLN, producto del levantamiento armado, coloca a los pueblos frente a las dificultades de satisfacer de manera autónoma cuestiones de justicia, salud y educación, lo que implica a las comunidades en nuevas tareas de coordinación y responsabilidad. Ese momento representa un parteaguas para la organización zapatista, de cambios internos y ensayo de nuevas formas de vida con base en las nuevas condiciones territoriales. Para las familias de las comunidades ese momento de transición significa el comienzo de la vida organizada autónomamente. La implicación en la toma de decisiones sobre la producción de alimentos en sus propias tierras y la organización de los trabajos necesarios para cada pueblo:

 

En la noche, otra de las pláticas era que Gabriel había estado en el 94. A Gabriel le tocó estar ahí […] él decía que para él había sido mucho, o sea, cambiar toda su vida y para lo que él quería, que había sido un avance muy grande desde el 94. (Informante 7, 2020)

 

Otra de las estudiantes expresa así, a partir de las pláticas con el padre de su familia zapatista: “Fue un primer momento del levantamiento, cuando pasa eso, mucha gente se va, pero ya los que se quedaron habían dado otro paso, necesitan un proceso muy diferente para que se salieran” (Informante 2, 2020). Algunos miembros de las familias, como hermanos e hijos se habían salido de la organización en algún momento después de enero del 94, lo que era algo que entristecía a algunos de los señores de las familias, como en el caso de don Irineo en una comunidad de Oventik (Informante 1, 2020) o en la familia de la informante 2 en Roberto Barrios. Como le explicaban a la informante 1, cuando alguien “se sale de ser zapatista” no implica un rompimiento con esa persona, de alguna manera siguen conviviendo; más bien representa un rompimiento con la memoria propia, un rompimiento con la identidad colectiva del ser zapatista que se fundamenta en los trabajos compartidos, la milpa, la toma de decisiones en asamblea sobre temas comunes.

La herencia que explicaba el SCI Moisés que ofrecieron los pueblos zapatistas a La sexta en La Escuelita (C. S. EZLN, 2015, p. 160) fue la posibilidad de ver y escuchar la experiencia de las comunidades de sus formas de construir autonomía. Esos relatos sobre la clandestinidad, el levantamiento armado, el acoso paramilitar y militar y las estrategias de división de la guerra de baja intensidad no fueron contados como parte de un pasado remoto, sino como circunstancias del presente. La resistencia al acoso paramilitar y la entereza para sobrevivir el horror de matanzas similares a la de Acteal (comunidad Unión Progreso en Oventik) guardan una conexión con las memorias sobre las haciendas y la humillación sufrida a manos de los patrones. Hacen parte de un tejido que permite comprender por qué, pese a toda la adversidad, las comunidades deciden mantenerse al margen de los programas gubernamentales que reciben los partidistas. El punto de unión entre el pasado de los abuelos y abuelas y las experiencias de los jóvenes es precisamente la toma violenta de tierras que hacen en el 94, pero tampoco es el momento fundacional de un proceso que se experimenta permanente y cotidiano:

 

Yo me acuerdo una vez que sí le pregunté así directo al señor que si era difícil vivir así y él decía que sí era difícil pero que también era una tarea, o sea, que era un trabajo, que era parte de la lucha, decía «porque luego nosotros lo hacemos en la práctica y sin que a lo mejor yo esté platicando con el partidista, con mi práctica lo ve». (Informante 7, 2020)

 

La relación con los partidistas de la comunidad o de pueblos vecinos no es de permanente confrontación (Informante 2, 2020). Las diferencias entre ser zapatistas y ser partidistas, mucho tiene como fundamento la historia organizativa desde los años de clandestinidad y la declaración de guerra contra el Estado, pero, sobre todo, radica en el ejercicio de las relaciones sociales: “Llega la gente buscando un modo específico de organizarse y es darse cuenta que es un conjunto de cosas […] cuando la verdad la formación se da por el cuerpo, el movimiento invita a la gente a trabajar, te invita a trabajar” (Informante 9, 2020). Así, la memoria colectiva trasmitida en el ejercicio de enseñanza de sus formas de vida, se traduce en un espejo de resistencias y de vocación de la lucha por la vida.

                         

IV.             El trabajo colectivo, la columna vertebral de la autonomía

La cotidianidad que pudieron experimentar los estudiantes en cada una de sus comunidades, la temporalidad de las actividades familiares y colectivas, gira en torno al trabajo de la tierra. La milpa es un espacio en el que se siembran los alimentos básicos para el autoconsumo como el maíz, frijol, café, hojas y hortalizas; la siembra de varios productos se lleva a cabo de manera tradicional, ya que se evita el uso de agrotóxicos y la tierra no es utilizada para el monocultivo intensivo. La toma y uso de las tierras pertenecientes a los hacendados permitió que los pueblos desarrollaran la autonomía en todos los ámbitos de la vida social, política y cultural, ya que fortaleció la capacidad productiva para subsistir al margen del Estado y de los antiguos patrones, ejerciendo la plena autodeterminación. En el cuaderno de texto Resistencia Autónoma  (EZLN, 2013b) las autoridades de las cinco zonas explican las dificultades que cada territorio enfrenta para el ejercicio de una autonomía económica, pese a la recuperación de tierras en algunas de las zonas, puesto que luego del levantamiento armado las estrategias contrainsurgentes golpean los propósitos del trabajo colectivo.

Los municipios autónomos poseen trayectorias de formación distintas, determinadas por las características históricas y geográficas del territorio. Hay municipios que se conformaron como entidades autónomas primero que otros y los MAREZ, como se recuerda, trabajaban de manera inconexa entre sí en un inicio, resolviendo las problemáticas inmediatas de manera diversa en cada lugar. Algunos MAREZ fueron desmantelados por fuerzas paramilitares y aunque fueron reorganizados por las mismas Bases de Apoyo el acoso no cesó, lo que generó mayores vínculos sociales con organizaciones y colectivos de la Sociedad Civil nacional e internacional. Esa solidaridad se traducía en algunas ocasiones en el apoyo económico para echar a andar proyectos productivos y, a la vez, fuerte presencia de observadores de Derechos Humanos que pudiera frenar el avance y ataques de fuerzas paramilitares. En estas circunstancias se puede concluir que el ejercicio de la autonomía colocaba a los MAREZ en desequilibrio entre sí y los trabajos y proyectos productivos se desarrollaban a diversos ritmos en cada caracol.

Algunos de los estudiantes entrevistados describen que las brigadas a las que acudían en territorio zapatista se desarrollaban en “la zona norte” y específicamente en La Garrucha. La vinculación con las organizaciones y colectivos antes de la conformación de las JBG era entre el municipio o región con las organizaciones solidarias, lo que mudó con la coordinación que las JBG haría posteriormente para evitar el desequilibrio entre las cinco zonas y, sobre todo, entre municipios de un mismo caracol. Esto guarda una relación directa con el trabajo de la tierra y los diversos proyectos productivos de cada territorialidad, puesto que, por un lado, el acoso de guardias blancas y paramilitares focalizada en ciertos lugares radica en las grandes extensiones de tierra que fueron tomadas por los zapatistas y que los rancheros han intentado recuperar; por otro lado, la mayor presencia de grupos solidarios permitió que las comunidades arrancaran proyectos productivos con base en la calidad de las tierras recuperadas y las condiciones geográficas. Hasta el momento en que se lleva a cabo La Escuelita esos desequilibrios son señalados por los testimonios de las autoridades de las cinco zonas. Las causas de que en caracoles como Oventik se señale: “Estamos respondiendo un poco con la siembra de milpa , porque no tenemos mucha tierra” (EZLN, 2013b, p. 32); tiene su origen en estos elementos señalados. Una de las estudiantes entrevistadas explica que en la comunidad a donde le tocó asistir, en esta zona de Los Altos, el terreno de siembra era muy pequeño y de difícil acceso y trabajo (Informante 1, 2020). En otra comunidad de Oventik, municipio San Juan de La Libertad, las familias explicaban que ahí el poco terreno que se tenía para la siembra había sido comprado de manera colectiva, aunque también era un espacio inclinado y montañoso.

Los estudiantes de Roberto Barrios y La Realidad dejan claro que en las comunidades a donde asistieron la obtención de la tierra había sido a causa del levantamiento, es decir, era tierra recuperada de las haciendas. En una comunidad de La Realidad, por ejemplo, la tierra no había sido dividida por familias, sino que toda se trabajaba de manera colectiva (Informante 3, 2020), eran comunidades en donde todos eran zapatistas. Otra estudiante de Roberto Barrios también señala que, en su comunidad y una comunidad vecina, ambas estaban bordeadas por un río, las familias eran todas zapatistas y la tierra era tierra recuperada, aunque no tenían grandes extensiones para la siembra, su actividad agrícola era más familiar por las condiciones del terreno y otra actividad importante era la pesca (Informante 2, 2020).

El trabajo de la tierra y la existencia de otros proyectos productivos permite que las actividades políticas puedan desarrollarse con menores dificultades, ya que, como las familias explicaron a los estudiantes, los recursos obtenidos de los trabajos colectivos sirven para sostener el ejercicio de las actividades organizativas. Las áreas de trabajo como salud, educación, administración de justicia, formación de promotores, entre otras, se sostienen mediante el trabajo realizado por cada pueblo, región, municipio y zona. Sin embargo, no todas las zonas cuentan con diversos proyectos de trabajo colectivo, algunas más, otras menos, la forma de asumir los costos organizativos es mixta, familiar y colectiva: “Vimos que no hay forma de realizar grandes trabajos colectivos por no tener tierra, pero sí hemos realizado pequeños trabajos” (EZLN, 2013b, p. 33). En Morelia, una de las estudiantes señala que en su comunidad había trabajo de milpa colectiva de mujeres, de la comunidad y de la familia donde ella estuvo (Informante 6, 2020). Se puede concluir que las condiciones territoriales permiten que el trabajo de la tierra pueda servir no solo para la producción de alimentos necesarios para la familia y la comunidad, sino también para el sustento de las actividades colectivas organizativas. 

El trabajo es principalmente agrícola, puesto que las comunidades zapatistas son fundamentalmente campesinas y la autonomía se cimienta en la producción y consumo de alimentos básicos al interior de los pueblos. La tierra, cuando es posible, se trabaja de forma colectiva, pero también las familias tienen sus pequeñas porciones de tierra en donde cultivan maíz, frijol hortalizas, café y frutas. En algunos casos se llevan a cabo ambas formas de trabajo, mientras que en otros lugares varía, se puede tener únicamente la milpa familiar o solo milpa colectiva. Cada región y municipio trata de resolver a su manera el sustento de las actividades importantes de la vida autónoma, como costear la movilidad y formación de promotores de las diferentes áreas, colaborar para que las autoridades elegidas puedan mantener coordinación entre las regiones e interzona, así como la realización de actividades culturales y políticas.

Como es detallado en el cuaderno de Resistencia Autónoma (EZLN, 2013b), existen proyectos productivos diversos que se trabajan de manera colectiva o cooperativa. Es decir que una actividad económica, diferente al trabajo de la milpa, puede involucrar a todos los miembros de una comunidad, de una región, de un municipio, de una zona o únicamente a algunos quienes brindan su tiempo y trabajo para ese proyecto. Hay una aclaración importante sobre cómo era el apoyo solidario:

 

Los trabajos a nivel municipio y zona los estamos haciendo con proyectos solidarios, todos esos trabajos sí se están promoviendo a través de algunos proyectos, pero lo que es región, pueblo y familia es con el esfuerzo de los mismos compañeros, las bases. (EZLN, 2013b, p. 7)

 

El SCI Moisés explica en El pensamiento Crítico (C. S. EZLN, 2015), las dificultades del trabajo con proyectos provenientes de ONG's y cómo las comunidades deciden ser cuidadosos en la vinculación con ellas (C. S. EZLN, 2015, pp. 104-105). Estos apoyos no solo crearon desequilibrios entre los MAREZ, como ya se mencionaba, sino que también ataron los ritmos de los trabajos internos a la temporalidad de los apoyos, lo que obliga al replanteamiento colectivo sobre esas dificultades. El trabajo por la autonomía no puede frenarse cuando falte el apoyo solidario, explica también el SCI Moisés, razón por la cual se reciben proyectos solidarios solo como municipio y como zona, de esta manera las Bases echan a andar proyectos que sostienen el funcionamiento de las diversas áreas de la autonomía. En las comunidades visitadas además de los trabajos de milpa, había cooperativas de pan, abarrotes, crianza de pollos y guajolotes, crianza y venta de vacas, transportes autónomos y bodegas. Esas actividades se trabajaban de manera colectiva, ya fuese por las mujeres, algunos miembros de la comunidad o entre todas las familias: “El abarrote no era de todas las familias, entonces ese dinero se trabajaba entre los que trabajaban y a veces ellos decidían comprar pan a otra comunidad” (Informante 2. 2020).

Con las cooperativas de bodegas y abarrotes, los productos que se venden en las comunidades son adquiridos a través de compras colectivas que reducen los costos de los productos, ya que la distribución también corre a cargo de los transportes de la organización. Un estudiante de La Realidad dice: “nos platicaban que tenían el proyecto de bodegas zapatistas donde compraban al mayoreo y entonces le dan la vuelta a los coyotes” (Informante 3, 2020). Para las comunidades eso puede ser un beneficio en dos sentidos; en la cuestión del abarrote, las compras colectivas reducen los costos para el consumo de productos que no se encuentran en las comunidades; como productores, es posible que algunos pueblos vendan, o intercambien, los productos de algún proyecto colectivo al interior de las comunidades zapatistas. Sin necesidad de enfrentarse a los precios dados por los intermediarios y acaparadores, los productos pueden llegar a otra zona en donde no es posible completar la producción de maíz o frijol por las dificultades del territorio. Estas tareas además implican políticamente a las zonas, puesto que no es una cuestión meramente comercial ni las cooperativas buscan enriquecerse y eso permite la comunicación y trabajo entre regiones distantes e inaccesibles entre sí.

Debe comprenderse, entonces, que, en una comunidad, una familia realiza tareas diversas para los proyectos productivos en que se esté involucrado o sea necesario por los acuerdos de las asambleas locales. También hay trabajos que se organizan temporalmente, para realizar alguna actividad o satisfacer necesidades colectivas como la compra de alguna herramienta, la realización de eventos políticos con colectivos de La Sexta o la celebración de alguna fiesta. En la rutina cotidiana con las familias de los estudiantes, la percepción es que hay trabajo permanentemente, trabajo de la comunidad, del municipio, de la zona, trabajo de mujeres, de la familia y, a la vez, solo se realiza el trabajo necesario diariamente. El tiempo se distribuye entre todas las actividades necesarias en un día, una semana, se organizan los días de tal manera que hay tiempo para el trabajo, para la familia y también para el descanso:

 

Se va en la mañana a la milpa, se va otro ratito a su milpa colectiva y se va a su trabajo de familia, que en ese momento era la tarea de su hija, una tarea concreta de la escuela. Eso, la disposición de su vida que es para vivir ¿no? (Informante 7, 2020)

 

La tenencia colectiva de la tierra permite a las familias vivir bajo estos ritmos propios, trabajar para la producción de sus alimentos y los demás trabajos para el sostén de la autonomía y sin que eso signifique la inversión del tiempo necesario para el descanso y el disfrute. Otra estudiante de Morelia lo expresa así: “De lo que más más me acuerdo es que todo el tiempo es trabajo, todo el tiempo, todo el tiempo es estar haciendo una cosa u otra, todo el tiempo en reuniones, todo el tiempo en comunidad, porque era levantarse a las cuatro de la mañana” (informante 6, 2020). Es decir que la vida colectiva en la organización implica responsabilidades y tareas permanentes, no solo actividades productivas, sino labores políticas, de discusión permanente en las asambleas para las tomas de decisiones. La autodeterminación de los pueblos se vive como un ejercicio permanente de la política, la otra forma de hacer política se rastrea en la cotidianidad colmada de politicidad.

Hay regiones en las que los productos alimenticios de las familias provienen de las milpas de la comunidad que se trabajan de forma colectiva, en esos casos la producción de la milpa cumple la función de satisfacer las necesidades básicas y de ahí proveer recursos para los trabajos políticos organizativos. No todas las regiones y municipios, aunque pertenezcan a una sola zona, trabajan de la misma manera, mucho menos de un caracol a otro. En otros pueblos la producción de alimentos se trabaja de manera familiar en las milpas alrededor de las casas o en extensiones mayores: “En el cachito donde ellos vivían, tenían cosas para jitomate, papa, etc. Y pues como no pasabas ni veinte pasos y ay era otra vez río, pescaban, yo toda la semana comí pescado” (Informante 2, 2020).  Como organización, piensan las maneras de equilibrar el avance de los trabajos y la consolidación de las áreas como la salud, la educación y la justicia, puesto que los trabajos colectivos permiten la movilización y formación de promotores, así como la manutención de clínicas y hospitales, entre otras cosas, como el apoyo a las familias de quien está cumpliendo un cargo o encomienda. Ese trabajo político y territorial es asumido por los mandos civiles, las JBG, ya que incluso una estrategia para subsanar la falta de tierra para las Bases de Oventik ha sido que, de la tierra recuperada en La Garrucha, colectivamente se pueda hacer trabajo de milpa, lo cual implica labores de coordinación, asambleas y acuerdos entre los diversos niveles de la organización: “Están iniciando ese trabajo colectivo por turnos pero no es que se van a posicionar allá, solo van a trabajar y regresan” (EZLN, 2013b, p. 34).

La producción de los alimentos propios en algunos casos, entonces, es resultado del trabajo colectivo de la tierra, además del trabajo de cada familia. Dependiendo de las condiciones de la zona y de las posibilidades del terreno, existen posibilidades de que colectivamente se sostengan las actividades organizativas y las tareas que ejercen las y los promotores de salud, de educación o de las autoridades de los diversos niveles. Los productos que no son cultivables en alguna zona, como el café, son intercambiados con otras regiones y municipios por maíz principalmente, ya que no en todas las zonas se logra cultivar el maíz necesario para el consumo básico de la comunidad y es por la estrechez de la tierra cultivable. Cuando el SCI Moisés explica en El pensamiento Crítico que el dinero no es muy utilizado al interior de las zonas zapatistas, se refiere a este intercambio interno, basado en el apoyo colectivo, pero también en cómo se cubren las necesidades organizativas con la venta de productos zapatistas al exterior: “Pocas veces manejamos dinero. Por ejemplo, en la movilización ahí sí nos obliga, porque hay que pagar con pesos la gasolina, no nos acepta kilos de maíz, frijol” (C. S. EZLN, 2015, p. 98).

De la milpa se obtienen los alimentos más importantes para la alimentación de las familias, como el maíz, el frijol y otras hierbas comestibles. Los estudiantes relatan que los alimentos cotidianos recibidos en las comunidades fueron a base de maíz y frijol, con otras variedades de alimentos que se cultivaban en la huerta familiar o en sistemas de siembra distintos a la milpa. Algunos frutos y verduras silvestres también eran aprovechados en zonas más húmedas o selváticas, mientras que las hortalizas se cultivaban en proyectos colectivos o en el terreno familiar, junto con la crianza de animales pequeños, aves como patos, gallinas y guajolotes. Las diferencias entre la forma de trabajar la tierra de una comunidad y otra se basa principalmente en qué tan extenso es el terreno de siembra y de qué modalidad se trabaja la tierra, si la tenencia es completamente colectiva o hay también espacio para la milpa familiar o viceversa. En una comunidad de La Realidad, un estudiante explicaba que ahí la tierra se trabajaba totalmente de manera colectiva, no había trabajo familiar, porque era tierra recuperada y así habían decidido hacer el trabajo, lo que les permitía también diversificar los proyectos productivos:

 

La comunidad era pequeña, pero todos eran zapatistas […] tenían muchas cosas, tenían cultivo de café, tenían cultivo de cacao, tenían cultivo de mango, las milpas, tenían el proyecto de ganado, pero todo era en colectivo, o sea, ahí no había de que esta milpa es de tal familia, esta de tal otra. Además, estaban los proyectos de las mujeres, también tenían proyecto de ganado, la panadería, pero igual todo era colectivo. (Informante 2, 2020)

 

La alimentación de las comunidades se basa mayoritariamente en el consumo del maíz, y todas sus posibilidades culinarias, el frijol, verduras y hierbas comestibles, con la integración de carne de animales pequeños en circunstancias festivas. El consumo de carne de res también se da en ocasiones especiales o importantes; de los proyectos de ganado cuentan que, les explicaron a algunos estudiantes, principalmente tenían el objetivo de cubrir necesidades de carácter organizativo, como la construcción de alguna escuela, clínica, lugares de asamblea, realización de encuentros y asambleas entre zonas, entre otros. Por eso la división del trabajo que hacían las familias estaba determinado por las necesidades colectivas, había trabajo de la comunidad, del municipio, trabajo de zona. Todo esto, tampoco es igual en todas las zonas y municipios, cada región y comunidad resuelve a su manera las necesidades de movilización y organización de todas las actividades autónomas.

El proceso de la autonomía no es una serie de mecanismos homogéneos, sino más bien un permanente aprendizaje de cómo resolver de manera colectiva y autónoma la vida cotidiana, la sobrevivencia. La autodeterminación es un ejercicio que se cuestiona y resuelve permanentemente en procesos colectivos cotidianos, de asamblea y diálogo. De ahí que no haya una homogeneidad en el proceso de lo que el SCI Moisés explicaba como la Resistencia: “Nuestra rebeldía es nuestro «NO» al sistema. Nuestra resistencia es nuestro «Sí» a otra cosa es posible”