EL CONCEPTO DE IDEOLOGÍA FRENTE A LAS RELACIONES DE PRODUCCIÓN:

UN ANÁLISIS COMPARADO ENTRE LAS IDEAS DE MARX Y ALTHUSSER

 

THE CONCEPT OF IDEOLOGY WITH REGARD TO RELATIONS OF PRODUCTION:

A COMPARATIVE ANALYSIS BETWEEN THEORIES BY MARX AND ALTHUSSER

O CONCEITO DE IDEOLOGIA FRENTE ÀS RELAÇÕES DE PRODUÇÃO:

UMA ANÁLISE COMPARATIVA ENTRE AS IDEIAS DE MARX E ALTHUSSER

 

 

 

Lic. Yeimy Leccett Tamayo Calle (UNLP, Argentina)[1]

 

Fecha de recepción: 15 de abril de 2021

Fecha de aceptación: 01 de junio de 2021

 

 

Resumen

El artículo que se presenta a continuación tiene como propósito analizar comparativamente la visión de Karl Marx (1818 - 1883) y la de Louis Althusser (1918 - 1990), en cuanto a la correlación que se establece entre la ideología y las relaciones de producción. Para ello, se analizan los conceptos de ideología, desde diversas acepciones, y de relaciones de producción, en los autores objeto de estudio. Con lo cual, se pasa a exponer y analizar ambas posturas, encontrando que las diferencias se dan, más que en el plano conceptual, en el desarrollo estructural. Desde la postura de Marx, la ideología es producida directamente por las relaciones de producción, mientras que Althusser va más allá, al afirmar que las ideologías causan las relaciones de producción, pero estas, a su vez, tienen su fundamento en las ideologías mismas. Como vemos, la diferencia radica en la reciprocidad causa – efecto de la ideología y las relaciones de producción, más que en el concepto como tal.

Palabras claves: Marx, Althusser, ideología, relaciones de producción.

 

Abstract

This article aims to compare Karl Marx’s (1818 – 1883) and Louis Althusser’s (1918 – 1990) theories concerning the established relationship between the ideology and relations of production. Hence, this article analyses the concepts of ideology from its diverse interpretations and that of relations of production according to the aforementioned selected authors for this study. Through said analysis, we shall indicate and examine the authors’ positions on the theme, implying existing differences that relate, besides the conceptual frame, to the structural development; that is, since according to the Marxist theory, ideology is produced directly by the relations of production, while these are based on ideologies themselves. We suggest that the difference is in the reciprocity between cause and effect of ideology and relations of production, more than in a concept as such.

Keywords: Marx, Althusser, ideology, relations of production.

 

Resumo

O presente artigo visa analisar comparativamente a visão de Karl Marx (1818 – 1883) e a de Louis Althusser (1918 – 1990), no que diz respeito à relação estabelecida entre as relações de produção e da ideologia. Para isso, se analisam os conceitos de ideologia desde diversas interpretações e de relações de produção, na obra dos autores selecionados para o estudo. Através do qual passamos a expor e analisar ambas as posturas, demonstrando que as diferenças se dão, além do plano conceitual, no desenvolvimento estrutural; já que, desde a postura marxista, a ideologia é produzida diretamente pelas relações de produção, enquanto estas têm seu fundamento nas ideologias em si mesmas. Como vemos, a diferença se encontra na reciprocidade entre causa e efeito da ideologia e as relações de produção, mais do que em um conceito próprio.

Palavras-chave: Marx, Althusser, ideologia, relações de produção.

Cómo citar: Tamayo Calle, Y. L. (2021). El concepto de ideología frente a las relaciones de producción: un análisis comparado entre las ideas de Marx y Althusser. Revista Pares, 1(1), 36-58.

 

INTRODUCCIÓN

Si se comparan las ideas de Karl Marx (1918 - 1883) con las de Louis Althusser (1918 - 1990), en torno a la correlación entre la ideología y las relaciones de producción, es posible hallar diferencias, no precisamente en cuanto a lo conceptual, sino en cuanto a lo estructural[2]. Mientras que para Marx las relaciones de producción son la causa de la ideología, para Althusser la relación no es tan unidireccional, pues las ideologías suscitan las relaciones de producción, pero estas, a su vez, cimentan la reproducción de las ideologías mismas.

Tomando como referencia las ideas de Giddens (1985), Laclau (1978) y Larraín (2008) se puede establecer que Marx concibe la ideología como un epifenómeno[3], en tanto distorsiona la realidad; ya que, al estar permeada por las relaciones de producción del sistema capitalista, tiene como principal objetivo el adoctrinar y enceguecer a los individuos, por medio de los Aparatos del Estado. Siendo así, la ideología es siempre limitada en el tiempo, dado que al desaparecer las relaciones de desigualdad del capitalismo, desaparecerá la ideología misma. Althusser (1988), por su parte, amplía el concepto de ideología al mostrar que esta sirve para crear nuevas realidades y sujetos, a través de la interpelación de los Aparatos Ideológicos del Estado, siendo la ideología, por tanto, eterna. De tal forma, Althusser postula una definición más amplia de la ideología, debido a que, desde su perspectiva, toda ideología hace referencia a la totalidad orgánica de cualquier formación social; es decir, del conjunto de relaciones totales. En línea con lo anterior, este artículo se plantea dos objetivos principales. En primer lugar, identificar los supuestos conceptuales de Marx y de Althusser, en los que se funda la correlación entre la ideología y las relaciones de producción, en sendas visiones. Y, en segundo lugar, precisar las diferencias de ambas posturas.

Ahora bien, para el desarrollo de los antedichos objetivos se ha organizado la exposición en cinco partes. La primera consistirá en aclarar el concepto de ideología desde dos perspectivas: la sociológica y la marxista. En la segunda, se analizará el concepto de relaciones de producción. La tercera corresponde a la exposición de la perspectiva de Karl Marx con respecto a la ideología, para lo cual se iniciará por precisar la crítica que dicho autor le realiza a la ideología alemana. Luego, en un cuarto momento, se abordará la concepción althusseriana de la ideología, cuya explicación buscará aclarar las diferencias que existen entre Marx y Althusser sobre la ideología y su relación con las relaciones de producción. Por último, como quinta parte se desglosarán algunas conclusiones.

 

IDEOLOGÍA: ABORDAJE CONCEPTUAL

Ideología es un concepto polisémico, de modo que se buscará esclarecer algunas de sus definiciones desde la determinación de su origen, pasando a analizar las perspectivas: sociológica y marxista, hasta ahondar en los elementos teóricos propios del marxismo clásico. En este orden de ideas, es importante comenzar aclarando que el término “ideología” fue acuñado por Antoine Destutt de Tracy[4] en 1801, con el cual aspiraba crear una ciencia de las ideas; es decir, una rama de estudios, cuyo objeto fuese las ideas propiamente. Para ello, el marqués intentó cimentar los ideales de acción y de pensamiento en la empiria como fundamento epistemológico y, así, establecer una crítica y la ciencia de las ideas de la época (Larraín, 2008). De tal modo, vemos que su intención “estaba muy en concordancia con el movimiento positivista de la Francia del siglo XIX, que asumía la posibilidad de estudiar la sociedad con las herramientas de precisión características de la ciencia natural” (Freeden, 2013: p.20).

No obstante, el avance teórico del concepto fue disgregándose en, por lo menos, dos perspectivas totalmente contrarias en cuanto a su naturaleza axiológica: la sociológica y la marxista. En la perspectiva sociológica las ideologías son definidas como conjuntos de ideas, creencias y actitudes de un grupo social. Se habla, pues, de ideologías en plural, ya que es algo neutral que debería ser analizado de manera sistemática e histórica (MacKenzie, 2003). Por tanto, para la perspectiva sociológica todas las ideologías tienen tres tareas fundamentales. La primera es ofrecer una explicación del orden vigente, normalmente en la forma de una cosmovisión; la segunda es proponer un modelo de futuro deseado, una visión de la “buena sociedad”; y, la tercera, explicar cómo el cambio político y social puede y debe ocurrir, proponiendo rutas que lleven a un grupo social del orden vigente – tarea uno - a un modelo de futuro deseado –tarea dos - (Heywood, 2012).

Desde esta perspectiva, entonces, la ideología puede ser concebida como un “conjunto de ideas por las que los hombres proponen, explican y justifican fines y significados de una acción social organizada y específicamente de una acción política” (Seliger, 1976: p.11). Es decir, como una cosmovisión más o menos coherente, que, orientada a la praxis, proporciona las bases de la acción política organizada, sin importar si esta acción intenta preservar, modificar o derrocar el sistema de poder existente.

En la perspectiva marxista la ideología no es más que un conjunto de ideas de una clase social que sirve para legitimar el poder y la dominación; de allí que, solo sea posible hablar de ideología en singular[5], como algo negativo que distorsiona la realidad y sirve al poder (Eagleton, 1997). Concretamente, para Marx y Engels (1974) la ideología se concibe como una cámara oscura que distorsiona la realidad, con el fin de favorecer al poder de la clase dominante. A este respecto, Inda & Duek (2014) consideran que en la actualidad es oportuno retomar las definiciones de Marx y Engels abandonadas en los ochenta y los noventa por interpretaciones más idealistas[6], ya que fueron ellos quienes cimentaron las bases de la visión histórica y materialista de las ideologías. No obstante, advierten que es un concepto carente de sistematicidad y orden, tanto así que Althusser llegó a afirmar que dicho concepto era un “punto ciego” dentro de la teoría marxista, dando lugar a una pluralidad de significados y comprensiones diversas.

En este mismo sentido, el filósofo mexicano Villoro (2007) sugiere que son Marx y Engels quienes establecieron las delimitaciones actuales del concepto al que él mismo se ha sumado. Precisamente, Villoro (2007) considera que toda ideología tiene una función social que consiste en ser un instrumento de dominio, ya que son ideológicos todos aquellos enunciados y creencias falsas de origen social. En efecto, para el filósofo la ideología, funciona como una especie de disfraz en el que se solapan los intereses de individuos o grupos sociales focalizados, haciéndose pasar por valores universales con el fin de tener una aceptación igualmente universal.

Esta visión es también adoptada por Eagleton (1997), Althusser (1988), Gramsci (Portantiero, 1980) y otros, quienes se suman a la posición marxista, aunque con ciertas perspectivas diferenciadoras. En cuanto, para Eagleton (1997) la ideología son todas aquellas ideas falsas que contribuyen a legitimar un poder político dominante, siendo una característica restringida de un grupo o clase social capaz de ejercer dominio, porque crea significados, signos y valores en la vida cotidiana por medio de los procesos de producción que son, en últimas, lo que se domina.

Por su parte, Althusser (1988) plantea que la ideología representa la relación imaginaria de los individuos con sus condiciones reales de existencia donde, por tanto, se le asigna a la ideología dominante el papel garante de la sumisión de los trabajadores a la clase dominante. Se subraya, entonces, en la importancia de las condiciones materiales de la ideología, tales como las instituciones y los rituales, a través de los cuales el Estado mantiene la operatividad de la ideología y el poder.

Antonio Gramsci, a su vez, sostiene que ideología es el terreno donde los principios hegemónicos se enfrentan y, por ende, donde los hombres se mueven y adquieren consciencia de su posición y lucha. Dicho de otra manera, es el terreno en el que el capitalismo utiliza elementos como el lenguaje, la religión, la cultura y la tradición, con el fin de legitimar su posición hegemónica, sin tener que recurrir a la violencia y a los poderes coercitivos (cf. Portantiero, 1980).

Pues bien, de acuerdo con los planteamientos presentados anteriormente, y siguiendo el análisis de Heinrich (2008), concluimos que los elementos teóricos propios de la perspectiva marxista pueden sintetizarse en, por lo menos, los siguientes tres puntos. En primer lugar, una visión economicista de la sociedad, en la que todas las causas de los procesos sociales son económicas. En segundo lugar, una concepción determinista de la historia, ya que las contradicciones internas al modo de producción capitalista serán la causa del colapso del capitalismo mismo. Y, en tercero lugar y último, el carácter vinculante, dado que todos procesos sociales funcionan dentro de las relaciones de producción, siendo el concepto de modo de producción el que nos permite pensar y conocer una totalidad social.

A propósito, Burke (1993) destaca que la ideología adquirió una significación diferente en los posmarxistas y los marxistas tardíos, ya que aceptan su carácter deformativo pero de la realidad y no de la ciencia, categorizando como ideológico todo aquello que es anticientífico o precientífico. A modo de conclusión de este apartado conviene subrayar que, a pesar de que ideología es un concepto bastante utilizado por áreas como la política, la historia y la filosofía. Su polisemia y multiplicidad, aún dentro de la visión marxista, exige determinar el sentido de su abordaje con el fin de delimitar su uso y, con ello, tener una clave de lectura clara, coherente y contextual de las teorías marxiana y althusseriana.

 

LAS RELACIONES DE PRODUCCIÓN

De acuerdo con Harnecker (1972), relaciones de producción fue un concepto desarrollado por Karl Marx, dentro de su teoría sobre los modos de producción social, y afirmado por Althusser, con el que hace referencia al tipo de relaciones que se van configurando en plano interpersonal, donde existe un papel jerárquico dentro de la estructura, determinadas, puntualmente, por quienes son o no dueños y poseedores de los medios de producción. Es por ello que:

en la producción social de su existencia, los hombres entran en relaciones determinadas, necesarias e independientes de su voluntad, en relaciones de producción que corresponden a un grado determinado de desarrollo de sus fuerzas productivas materiales. El conjunto de estas relaciones constituye la estructura económica de la sociedad, o sea, la base real sobre la cual se alza una superestructura jurídica y política y a la cual corresponden formas determinadas de la conciencia social. En general, el modo de producción de la vida material condiciona el proceso social, político y espiritual de la vida. No es la conciencia de los hombres lo que determina su ser, sino al contrario, su ser social es el que determina su conciencia. En un determinado estadio de su desarrollo las fuerzas productivas materiales de la sociedad entran en contradicción con las relaciones de producción existentes o, por usar la equivalente expresión jurídica, con las relaciones de propiedad dentro de las cuales se habían movido hasta entonces. De formas de desarrollo que eran las fuerzas productivas, esas relaciones se convierten en trabas de las mismas. (Marx, 2008: p.4)

Lo particular de Marx (2008), entonces, es que considera que las maneras en las se organiza la producción y la vida material son independientes de la voluntad del hombre. De tal modo, el trabajo en Marx se organiza por medio de las actividades productivas, a través de las cuales los individuos garantizan su subsistencia. No obstante, hay una existencia social previa a los individuos que no dependen de su voluntad, sino de las fuerzas de desarrollo de las fuerzas productivas materiales, tales como los medios de trabajo y la actividad humana. En este orden de ideas, son relaciones de producción las diversas relaciones que surgen y se desarrollan en toda esa organización; las relaciones de producción, a su vez, sustentan la estructura económica, política y jurídica de toda sociedad, al igual que las formas de la conciencia social.

El concepto de modos de producción se refiere, entonces, a la totalidad social en abstracto, mientras que la formación social es una totalidad social en concreto, con una determinación histórica, en la que se combinan las diversas relaciones de producción que se desarrollan dentro de la estructura económica; así, los modos de producción son dinámicos, en el sentido en que reproducen sus condiciones de existencia, siendo las relaciones de producción su núcleo estructurador. Ahora bien, son estas relaciones las que explican la forma característica en que se articulan las diversas formas sociales con sus modos de producción, determinando cuál de ellas encarna el papel dominante. En efecto, es dominante la estructura que cumple un rol fundante en la reproducción de un modo de producción determinado (Harnecker, 1971).

En este sentido, para Marx & Engels (1948) es claro que la historia se ha encargado de mostrar que, de acuerdo con la determinación de propiedad de los medios de producción y de la manera en que se organiza la división social del trabajo, las relaciones de producción pueden generar relaciones sociales de colaboración donde no hay explotación del hombre contra el hombre – como el socialismo- o relaciones sociales de exclusión y dominación – como en el capitalismo, el sistema esclavista y el feudal- cuya característica principal es su determinación clasista y jerárquica, donde los dueños de los medios de producción – propietarios – viven del trabajo de los no propietarios –el proletariado -, surgiendo, así, una relación explotador – explotado.[7] En palabras de los autores:

Con el progreso de la maquinaria y la división del trabajo, la labor del proletario ha perdido todo carácter independiente y, con ello, todo atractivo para el obrero. Este se convierte en un mero accesorio de la máquina, al que solo se exige la manipulación más sencilla, más monótona y más fácil de aprender. Los desembolsos que ocasiona un trabajador se reducen, en consecuencia, y casi exclusivamente, a los alimentos que necesita para su manutención y propagación de su especie. Pero el precio de una mercancía y, por lo tanto, también el del trabajo, es igual a su coste de producción. Por consiguiente, cuanto más aborrecible se hace el trabajo, más exiguo resulta el salario. Es más: en la misma medida en que aumenta la maquinaria y la división del trabajo, aumenta también la masa del trabajo, ya con la prolongación de la jornada, ya con un mayor rendimiento exigido en un tiempo dado, ya con la aceleración de la marcha de las máquinas, etc. (Marx & Engels, 1948: p. 18)

Los seres humanos son, de tal forma, meros agentes en los procesos productivos. De acuerdo con la función de la posición que se ocupa respecto la posesión o no de los medios de producción se establecen las relaciones sociales, las cuales en las sociedades clasistas son necesarias, no tanto para para sobrevivir, sino para llevar a cabo el acto productivo. De allí que, para la perspectiva marxista, toda relación de producción clasista no sea más que un medio de exclusión, explotación y dominación.

 

KARL MARX Y SU CONCEPCIÓN DE IDEOLOGÍA

Para iniciar, es necesario precisar que Marx –junto con Engels− realiza una marcada crítica, respecto de la forma como se ha ido configurando la visión sobre la ideología en el pensamiento alemán. Sobre todo a partir de la filosofía de Hegel quien, desde la perspectiva marxiana, estableció una relación identitaria entre el ser y el pensamiento; lo cual, implica concebir la idea abstracta como si fuera real, tesis fundamental del idealismo alemán. En este sentido, la crítica al idealismo alemán, en especial a Hegel, se refiere a que en dicha concepción no se tiene en cuenta el aspecto material de la vida humana. Esto se debe a que:

el carácter espiritual y romántico del pensamiento idealista alemán se apoyaba en concepciones erróneas. Una de estas atribuía una existencia independiente a las ideas, el pensamiento y la conciencia en el intento de sustituir el pensamiento ilusorio por un conocimiento correcto. Pero al operar así los filósofos alemanes debatían puramente en torno de expresiones en lugar de abordar el mundo real. La filosofía venía así a encubrir la realidad, y adoptaba la forma de lo que Marx y Engels denominaban ideología. (Freeden, 2013: p.21)

Marx sostiene que el idealismo constituye una visión falsa y distorsionada del mundo, dado que su fundamento epistemológico son las ideas y no su realidad material, siendo esta última el verdadero fundamento de todo acto gnoseológico (Barth, 1951). A este respecto, es posible observar con Ferrater (1964) como el rasgo más fundamental del idealismo es el tomar como punto de partida para la reflexión filosófica no el mundo en torno o las llamadas cosas exteriores (el "mundo exterior" o "mundo externo"), sino lo que llamaremos desde ahora "yo", "sujeto" o "conciencia". Se comprende, entonces, que para el idealismo alemán las ideas son el fundamento de lo real; en tanto y en cuanto, para dicha concepción la realidad interior de las cosas está en contraposición a sus configuraciones fenoménicas.

Marx y Engels, por el contrario, conciben que el fundamento ontológico y epistemológico de la realidad se encuentra en el materialismo; en tanto que, dicha realidad no se produce en las ideas, sino que se desarrolla a partir de una estructura de procesos, por medio de los cuales lo real se va configurando como un constante condicionamiento entre los seres humanos y su contexto. La realidad no es, entonces, un producto de la inteligibilidad, sino una creación, una praxis, en la que:

totalmente contraria de lo que ocurre en la filosofía alemana, que desciende del cielo sobre la tierra, se asciende de la tierra al cielo. Es decir, no se parte de lo que los hombres dicen, se representan o se imaginan, ni tampoco del hombre predicado, pensado, representado o imaginado, para llegar, arrancando de aquí, al hombre de carne y hueso; se parte de hombre que realmente actúa y, arrancando de su proceso de vida real se expone también el desarrollo de los reflejos ideológicos y de los ecos de este proceso de vida. […] No es la conciencia la que determina la vida, sino la vida la que determina la conciencia. (Marx, 1974: p.26)

En tal sentido, la crítica de Marx hacia Hegel se refiere a que este último trata de explicarlo todo solo desde los procesos de la conciencia, sin tener en cuenta las condiciones materiales y prácticas de la existencia. En contra del idealismo alemán que, como se ha podido observar, les concede una existencia independiente a los noúmenos frente a los fenómenos, en el pensamiento y la conciencia, bajo la concepción de Marx se debe dar preponderancia al realismo como materia, en tanto es la materialidad y su contexto la verdadera y legítima fuente de las ideas. Esta nueva perspectiva, identificada desde los saberes históricos y filosóficos como materialismo, busca establecer una línea diferencial frente a las concepciones idealistas, en primer lugar, para trazar un análisis más práctico y científico de la realidad, en segundo lugar.  Harnecker (1972) afirma respecto del materialismo, que:

las causas últimas de todas las modificaciones sociales y las subversiones políticas no deben buscarse en la cabeza de los hombres, en su creciente comprensión de la verdad y de la justicia eterna, sino en las transformaciones de los modos de producción y de intercambio; no hay que buscarlas en la filosofía, sino en la economía de la época de que se trate. (Harnecker, 1972: p.14)

En conclusión, para Marx, la filosofía hegeliana, y en general toda la filosofía idealista, lo único que ha hecho es girar en torno a las expresiones como una mera construcción metafísica. Por lo tanto, le ha sido imposible abordar la realidad en sí, logrando, únicamente, encubrirla y ocultarla.

La propuesta de Marx (1974) frente al idealismo alemán es que este debe ser invertido; dado que, utilizando la metáfora de la Cámara oscura, el autor explica que en la ideología los hombres y las mujeres hemos sido puestos boca abajo, como sucede en una cámara oscura con los objetos que allí se encuentren. Esta crítica se refiere al hecho de que en la ideología solo se logran invertir las circunstancias y los hombres. La ideología consigue justificar y mantener relaciones de desigualdad, más que determinar construcciones de pensamientos colectivos.

La cámara oscura genera una especie de legitimidad de las contradicciones, tornándolas como normales, coherentes y hasta necesarias, de lo que no se escapan las relaciones de producción. Un claro ejemplo de cómo las ideologías funcionan como una cámara oscura puede identificarse en las clases sociales. Aun cuando las clases sociales generan desigualdad, esta no logra ser percibida en el sentido en que cada quien asume con compromiso su papel y sus incentivos sociales, lo que permite, a su vez, la existencia de una sólida y cohesionada sociedad (Marx, 1974). En este sentido, para Marx (2008), las clases sociales están determinadas por la posesión o no de los medios de producción; y, a su vez, la producción por el trabajo. La cuestión es que en la sociedad industrial los trabajadores no son dueños del producto de su trabajo, por lo que la actividad de los trabajadores y los mismos trabajadores se cosifican en aras de generar plusvalía. Visto de esta manera, el trabajo es una actividad alienante y alienada que se ejerce bajo actos de dominación por capitalistas sobre el proletariado.

Cabe aclarar que, la alienación no solo tiene cabida en las relaciones de producción, sino que también se desarrollan otras formas de alienación, como la social –con la aparición de las clases sociales−, la política –desde la separación del Estado de la sociedad civil− y la ideológica –con las ideas dominantes de la religión y la filosofía. Sin embargo, es la alienación ideológica la que para Marx posee mayor peso dentro de la estructura, en tanto legitima y naturaliza, por medio de una falsa conciencia, las condiciones de miseria y explotación, siendo la ideología la culminación del proceso de alienación (Heywood, 2012).

De este modo, señala Marx (1974), la ideología no es más que el conjunto de ideas pertenecientes a una clase social que sirven para legitimar el poder y la dominación. Cabe aclarar que, para Marx las clases sociales son el resultado de la división social del trabajo; lo que quiere decir que, en una sociedad no todas las personas hacemos lo mismo ni nos relacionamos del mismo modo, en el desarrollo de las fuerzas productivas.

Dicha división se acrecienta, entonces, con la aparición de la propiedad privada, en la medida en que ello establece diferencias categóricas, donde algunos son reconocidos como los dueños de los medios de producción, mientras que otros, que no poseen bienes, solo cuentan con su fuerza de trabajo para sobrevivir, teniendo que vender dicha fuerza a la clase dominante y siendo, por tanto, explotados, a fin de conseguir plusvalía y un estatus social de reconocimiento. De allí que para Marx (1974), la clase burguesa no solo ostente un poder material, sino también uno espiritual, debido a que cuentan con los medios materiales y espirituales para legitimar ciertos valores y promover algunas actitudes determinadas, por medio de lo cual, cada miembro asume y ejerce los roles de acuerdo con su clase social.

Como puede observarse en Giddens (1985) y en Freeden (2013), la ideología en Marx no es más que un velo, un epifenómeno, en cuanto encubre la realidad y, peor aún, suaviza las contradicciones de clase que se dan en el mundo material; es decir, la ideología es un producto de las condiciones materiales de existencia. Ahora bien, el sustento argumentativo de Marx, en cuanto a la ideología como epifenómeno, radica en que toda ideología tiene como función el ayudar a que las relaciones de producción y de dominación –propias de la sociedad burguesa- se sostengan a sí mismas. En tal sentido, puede verse como Marx y Engels:

asociaron ideología y clase, afirmando que las ideas de la clase dominante eran las ideas dominantes. Las ilusiones ideológicas eran un instrumento en manos de los poderosos a través del estado, y eran empleadas para ejercer control y dominación; en realidad, para «manufacturar la historia» de acuerdo con sus intereses. Más aún, el filtrado de intereses a través de un contenedor –la ideología– les permitía a aquellos y a la ideología misma aparecer representados como reclamos de verdad dotados de validez universal y racional. Dicha representación ayudaba a los propagadores de la ideología a forjar el mito de una comunidad política unificada a través de leyes ilusorias, el dirigismo cultural y el «enmascaramiento verbal», es decir, a través del poder sobre el lenguaje. (Freeden, 2013: p. 22)

En definitiva, Marx plantea una crítica al idealismo alemán, en cuanto concibe que en esta filosofía solo ha servido para ocultar la realidad, funcionando como una ideología. De modo que, una ideología, no es más que un epifenómeno que no tiene realidad per se y donde la verdad queda velada. De allí, que la explotación surgida de las clases burguesas no sea percibida por los individuos, en tanto los explotados asumen su posición de forma natural, cuando, en verdad, es una posición artificial, creada por el sistema de dominación.

Las relaciones de producción, desde la visión de Marx, dan lugar a la ideología, la cual, a su vez, lleva a que la jerarquía organizacional de las relaciones sociales se asuma como algo natural. En este orden de ideas, la clase dominante, por medio de la ideología, logra desarrollar en todas las personas un inconsciente de clase, donde se tienen los roles y el estatus definidos, normalizados e interiorizados; asegurando, con ello, la autoconservación de su dominio.

 

LA CONCEPCIÓN ALTHUSSRIANA DE LA IDEOLOGÍA

Existe una discrepancia estructural en el desarrollo teórico de Althusser respecto del pensamiento de Marx. Para Althusser la ideología se concibe como una “nueva realidad”, más que un factor de distorsión de la realidad; y, en tanto tal, la ideología se torna en una condición eterna y plural. Esta, por ende, no es simplemente la forma de contorsionar ilusoriamente la realidad, a modo de cámara oscura, para reflejar la conciencia distorsionada de los sujetos individuales, sino un aspecto de la realidad, cuyo origen está en la “opacidad” de la estructura social, y no en la lucha de clases (Valdés, 2020).

De hecho, Althusser reconoce el carácter de neutralidad en la ciencia, de modo que pueden existir pensamientos sociales que, al fundamentarse en la ciencia, no sean ideológicos (Quintanilla, 1976). En tal sentido, a juicio de Larraín (2008), la teoría de la ideología althusseriana se aleja del humanismo y materialismo propios del marxismo, en tanto busca articular la autonomía absoluta de la ciencia con la autonomía relativa de la ideología.

Pues bien, para Louis Althusser (1964), dentro de las relaciones de producción, la ideología dominante es la garante de sumisión de los trabajadores respecto de la clase propietaria, quienes logran ejercer su poder por medio del despliegue de leyes y normas, a través de las cuales el orden establecido se sostiene a sí mismo. En tal sentido, Althusser pone un gran hincapié en los Aparatos Ideológicos del Estado (AIE), entre los que se resaltan el ejército, la iglesia y el estado, ya que son estos quienes ejercen el control sobre el mundo material, garantizando que la represión y el sistema económico no pierdan su vigencia, lo que, a su vez, potencia la creación de sujetos.

Cabe aclarar que, de acuerdo con Laclau (1978) en la visión de Althusser la ideología logra crear sujetos, gracias a la interpelación, a partir de la cual los individuos, asumiendo su lugar en la sociedad y en las relaciones de producción, se autoconsideran seres como libres, interiorizando las ideologías, lo que hace que, bajo un falso supuesto de libertad y voluntad, todos los individuos ocupen su posición en la sociedad. Dicha interpelación actúa de la mano de los aparatos ideológicos del estado, en la medida en que logran el autosometimiento y, al hacer que los individuos asimilen las ideologías, los convierten plenamente en sujetos. En palabras de Laclau (1978):

Los individuos, que son simples soportes de las estructuras, son transformados por la ideología en sujetos, es decir, viven la relación con sus condiciones reales de existencia como si ellos constituyeran el principio autónomo de determinación de dicha relación. El mecanismo de esta inversión característica es la interpelación. (Laclau, 1978: p. 113)

En este orden de ideas, el reconocer que somos sujetos implica interiorizar unos rituales prácticos de la vida cotidiana y un lugar que nos es propio dentro del constructo social que, determinado por unas relaciones de producción, implica únicamente un reconocimiento ideológico, pero no un pleno conocimiento del mecanismo de dicho reconocimiento. Interpelar, por tanto, conlleva a la creación de sujetos concretos, que interiorizan su lugar y su función concreta, a partir de un proceso mutuo de reconocimiento en el marco de las relaciones de producción.

En efecto, cuando Althusser analiza el proceso por medio del cual los individuos se forman como sujetos encuentra que “la categoría de sujeto es constitutiva de toda ideología solo en tanto toda ideología tiene por función la constitución de los individuos concretos en sujetos” (Althusser, 1969:52). En tal sentido, el objetivo fundamental de la ideología consiste en crear sujetos donde la materialidad de la ideología se encuentra, justamente, en que desde esta las relaciones entre los sujetos y sus condiciones reales de existencia se mixtifican en un desarrollo material prescritos por los Aparatos Ideológicos del Estado (Valdés, 2020).

A este respecto resaltamos con Villoro (2007) que, mientras Marx solo habla de los Aparatos del Estado (AE), Althusser expande dicho concepto al hablar de Aparatos Ideológicos del Estado (AIE). Dicha diferenciación obedece a que, para Marx, los AE se enfocan en reprimir mediante la violencia aquellos comportamientos que no responden a la lógica social establecida a partir de las relaciones de producción; por tanto, nos habla de aparatos visibles y altamente represivos, entre los cuales sobresalen el gobierno, la administración, el ejército, la policía, los tribunales, entre otros. Por su parte, cuando Althusser extiende los aparatos del estado desde la ideología, amplía su pluralidad donde se supone que en ella no hay una visibilidad inmediata. Su hincapié se traslada de la violencia a la ideología, puesto que ya no se trata de imponer una condición material de existencia, sino de interiorizarla. Por tanto, los principales AIE son: la religión, la escuela, la familia, la dimensión jurídica del Estado, la dimensión política del Estado, la dimensión sindical del Estado, los medios de información y comunicación, entre otros. A este respecto, Althusser (1969) sostiene que:

Rectificando esta distinción, podemos ser más precisos y decir que todo aparato de Estado, sea represivo o ideológico, “funciona” a la vez mediante la violencia y la ideología, pero con una diferencia muy importante que impide confundir los aparatos ideológicos de Estado con el aparato (represivo) de Estado. Consiste en que el aparato (represivo) de Estado, por su cuenta, funciona masivamente con la represión (incluso física), como forma predominante, y solo secundariamente con la ideología. (No existen aparatos puramente represivos.) Ejemplos: el ejército y la policía utilizan también la ideología, tanto para asegurar su propia cohesión y reproducción, como por los “valores” que ambos proponen hacia afuera.

De la misma manera, pero a la inversa, se debe decir que, por su propia cuenta, los aparatos ideológicos de Estado funcionan masivamente con la ideología como forma predominante, pero utilizan secundariamente, y en situaciones límite, una represión muy atenuada, disimulada, es decir simbólica. (No existe aparato puramente ideológico.) Así la escuela y las iglesias “adiestran” con métodos apropiados (sanciones, exclusiones, selección, etc.) no solo a sus oficiantes sino a su grey. También la familia... También el aparato ideológico de Estado cultural (la censura, por mencionar solo una forma), etcétera. (Althusser, 196p.23)

En este sentido, las ideologías, para Althusser, más que distorsionar la realidad, tienen como función principal el servir como eje de cohesión social al propiciar el reconocimiento intersubjetivo; en tanto y en cuanto, los individuos nos identificamos mutuamente a través de la ideología, ya que esta es concebida como una totalidad orgánica que comprende el conjunto de relaciones sociales, cuya función es la de unir a los hombres, como el epicentro de la cohesión social. De tal forma, la ideología es asimilada por las personas, lo que les permite identificarse con ellas y perpetuarlas por medio del subconsciente. En sus palabras:

La ideología concierne, por lo tanto, a la relación vivida de los hombres con su mundo. Esta relación que no aparece como "consciente" sino a condición de ser inconsciente, de la misma manera, da la impresión de no ser simple sino a condición de ser compleja, de no ser una relación simple sino una relación de relaciones, una relación de segundo grado. En la ideología, los hombres expresan, en efecto, no su relación con sus condiciones de existencia, sino la manera en que viven su relación con sus condiciones de existencia: lo que supone a la vez una relación real y una relación "vivida", "imaginaria". La ideología es, por lo tanto, la expresión de la relación de los hombres con su "mundo", es decir, la unidad (sobre-determinada) de su relación real y de su relación imaginaria con sus condiciones de existencia reales. En la ideología, la relación real está inevitablemente investida en la relación imaginaria: relación que expresa más una voluntad (conservadora, conformista, reformista o revolucionaria), una esperanza o una nostalgia, que la descripción de una realidad. (Althusser, 2004:193)

De tal forma, Althusser concibe por ideología una representación en la que confluyen las condiciones reales de existencia y los individuos; de allí que se afirme que toda ideología, como representación política, moral, religiosa, entre otras, del mundo, se materializa en los AIE, en los que las relaciones de clase y de producción son “relaciones imaginadas dotadas de existencia material”. (Valdés, 2020: p.74)

En este punto, es importante resaltar que para Althusser (2004) las ideologías pueden ser prácticas o teóricas. Son ideologías prácticas aquellas que, valga la redundancia, están referidas a la reproducción de prácticas específicas; de allí que sean múltiples, como las prácticas mismas, y algunas desalineadas, con respecto a los intereses de las clases dominantes. Las ideologías teóricas se refieren a sistemas elaborados de idearios y creencias cuyo objetivo consiste en ordenar prescriptivamente todas las ideologías prácticas, desde los principios de unidad y coherencia, para que todas ellas potencien la reproducción de las relaciones de producción dominantes.

Para Althusser (2004), por tanto, la principal y más fuerte ideología teórica que ha existido a lo largo de la historia es la religión; en la medida en que, desde las sociedades primitivas sin clases, la religión funcionaba como un elemento cohesionador de los grupos poblacionales desde sus prácticas ritualistas. De hecho, la religión, dentro de las sociedades de clase, ha sometido las diversas prácticas sociales, haciendo más factible la reproducción de las relaciones de producción capitalista, es decir de explotación. El autor resalta, además, los sistemas morales, las seudociencias[8] y las filosofías de la historia, como otros tipos de ideologías teóricas.

Dentro de una sociedad de clases, la ideología es una herramienta al servicio de las clases dominantes, con la que se regulan y se asimilan las relaciones de los individuos con sus condiciones de existencia. Además, se someten, reprimen y/o dominan prácticas específicas como la sexualidad, la política, la ciencia, la reproducción, el derecho, la moral, la filosofía, ente otras cuestiones, para que todas ellas estén al servicio de las clases dominantes. Mas, en una sociedad sin clases, la ideología toma la forma de mediadora, para que las condiciones de existencia de todos los individuos se desarrollen en provecho de todos los hombres en pleno (Althusser, 2004). Tal es así que:

aún en el caso de una sociedad de clases, la ideología tiene un papel activo sobre la clase dominante misma y contribuye a modelarla, a modificar sus actitudes para adaptarla a sus condiciones reales de existencia (ejemplo: la libertad jurídica) —queda claro que la ideología (como sistema de representaciones de masa) es indispensable a toda sociedad para formar a los hombres, transformarlos y ponerlos en estado de responder a las exigencias de sus condiciones de existencia. Si la historia en una sociedad socialista es, igualmente, como lo decía Marx, una perpetua transformación de las condiciones de existencia de los hombres, los hombres deben ser transformados para que puedan adaptarse a estas condiciones; si esta "adaptación" no puede ser abandonada a la espontaneidad, sino que debe ser asumida, dominada, controlada, en la ideología se expresa esta exigencia, se mide esta distancia, se vive esta contradicción y se realiza su resolución. En la ideología, la sociedad sin clases vive la inadecuación-adecuación de su relación con el mundo, en ella y por ella transforma la conciencia de los hombres, es decir, su actitud y su conducta, para situarlos al nivel de sus tareas y de sus condiciones de existencia. (Althusser, 2004: p.195)

En este sentido, a diferencia de Marx, para quien las ideologías dependían exclusivamente de las clases sociales y, por ende, desaparecían cuando estas lo hicieren, Althusser evidencia una condición de necesidad en las ideologías, en el sentido en que son el medio por el que los hombres se relacionan con su mundo; bien sea de una manera cohesionada y dominada al servicio de quienes dominan y potenciando las relaciones de producción, como en la sociedad de clases, o como un elemento de mediación para que todos alcancen su plenitud en la sociedad.

 

A MODO DE CONCLUSIÓN

En las teorías de Karl Marx y Louis Althusser existe una gran diferencia con respecto a la correlación entre las relaciones de producción e ideología. La diferencia radica en la reciprocidad causa-efecto. Marx plantea que la ideología promueve las relaciones de producción. Mientras que Althusser se sale de dicho orden causal y lineal, defendiendo una visión mucho más circular; es decir, las ideologías son el resultado de las relaciones de producción, las cuales, a su vez, reproducen las ideologías. Diferencia que no solo es importante en cuanto nos permite delimitar teóricamente los pensamientos de sendos autores, sino, también, en la medida en que nos dan herramientas interpretativas, para la creación de nuestra propia visión sobre la relación en cuestión.

En este orden de ideas, si bien para Althusser la ideología no es solo un epifenómeno y no se limita a condicionar a los seres humanos frente a la estructura de explotación como lo es para Marx, esta puede tomar la forma de un controlador simbólico a través del cual somos creados como sujetos siempre portadores de ideología. En efecto, para Althusser, la realidad social parte de una construcción material cuyo sistema no conlleva su auto-sostenimiento, sino que los sujetos asuman su posición como tales, lo que garantizará que las relaciones en dicha materialidad se mantengan. En otras palabras, mientras Marx afirma, que la ideología sostiene las relaciones de producción, en tanto por medio de este epifenómeno se oculta la realidad de la explotación y la dominación de la clase burguesa a la clase asalariada; Althusser, afirma que dichas relaciones no son solamente un producto, sino que también dan cabida a la existencia de nuevas relaciones. Desde Althusser la relación entre las ideologías y las relaciones de producción no es tan directa, sino que en él las ideologías tienen cierta autonomía y se conciben de una forma más preponderante, en la medida en que, sobre ellas, además de que se sostienen las relaciones de producción, se crean sujetos, quienes no solo son producidos, sino que también reproducen las relaciones de producción

En este punto, es necesario aclarar que relaciones de producción estructuran las formas históricas en las que se llevan a cabo los procesos de trabajo. Donde, tanto para Marx como Althusser la sociabilidad es connatural al ser humano, cuya agrupación determina contextualmente la lucha por la transformación de la naturaleza, donde el trabajo conlleva el establecimiento de las relaciones, bien sea de ayuda mutua y colaboración, de explotación o de transición entre ambos extremos. Esto se debe a que:

todo proceso de trabajo se da bajo determinadas relaciones de producción, es decir, que la forma en que los hombres transforman la naturaleza no está nunca aislada, sino por el contrario, está determinada por el tipo de relación que ellos establecen en el proceso de trabajo. (Giddens, 1985: p.32)

En dichas relaciones de producción, la ideología cumple un papel fundante, dado que ayuda a que se conciba como normal, tanto en Marx como en Althusser, el que se reproduzcan las ideas dominantes; por lo que:

cada nueva clase que pasa a ocupar el puesto de la que dominó antes de ella se ve obligada, para poder sacar adelante los fines que persigue, a presentar su propio interés como el interés común de todos los miembros de la sociedad, es decir, expresando esto mismo en términos ideales, a imprimir a sus ideas la forma de lo general, a presentar estas ideas como las únicas racionales y dotadas de vigencia absoluta. (Althusser, 1988: p.52)

No obstante, y bajo la perspectiva presentada, Althusser va más allá que Marx en la medida en que no solo concibe que las ideologías tienen su foco en prácticas materiales limitadas donde se representan y se ocultan las contradicciones a favor de la clase dominante; sino que, también propone que la práctica de los individuos, creados por las ideologías como sujetos, reproducen las prácticas sociales y materiales. Para Althusser (1969) son las ideologías las que reproducen las relaciones de producción. En palabras del autor:

Enunciando este hecho en un lenguaje más científico, diremos que la reproducción de la fuerza de trabajo no solo exige una reproducción de su calificación sino, al mismo tiempo, la reproducción de su sumisión a las reglas del orden establecido, es decir una reproducción de su sumisión a la ideología dominante por parte de los agentes de la explotación y la represión, a fin de que aseguren también “por la palabra” el predominio de la clase dominante. (Althusser, 1969: p. 19)

De tal forma, Althusser parte de la idea de Marx, que sostiene que toda formación social supone su reproducción tanto material como de las relaciones de producción existentes donde la cualificación, como fuerza de trabajo, es un núcleo fundamental. Pero a dicha idea le suma la necesidad de que exista una introyección del sometimiento, a partir de lo cual somos creados como sujetos y nos reconocemos en el entramado social. A este respecto, declara Althusser (1969):

En otros términos, la escuela (y también otras instituciones del Estado, como la Iglesia, y otros aparatos como el Ejército) enseña las “habilidades” bajo formas que aseguran el sometimiento a la ideología dominante o el dominio de su “práctica”. Todos los agentes de la producción, la explotación y la represión, sin hablar de los “profesionales de la ideología” (Marx) deben estar “compenetrados” en tal o cual carácter con esta ideología para cumplir “concienzudamente” con sus tareas, sea de explotados (los proletarios), de explotadores (los capitalistas), de auxiliares de la explotación (los cuadros), de grandes sacerdotes de la ideología dominante (sus “funcionarios”), etcétera. (Althusser, 1969: p.9)

Por ende, para Althusser las ideologías reproducen las relaciones de producción −de allí a importancia de los Aparatos Ideológicos del Estado− las cuales se configuran a través de las relaciones tanto políticas, como económicas y culturales de una sociedad.

Como hemos podido observar, tanto para Marx como para Althusser la ideología transversaliza todas las actividades del hombre, donde sobresalen las prácticas políticas y económicas, cuya determinación parte de las relaciones de producción. Sin embargo, Marx establece que las relaciones de producción producen la ideología, en tanto esta se refiere al epifenómeno que sirve como instrumento de dominación de las clases dominantes sobre unas clases exploradas. Pero, en caso de que las clases desaparezcan, siendo ellas el producto de la dominación, desaparecerá también la ideología. Dado que esta es un instrumento de dominación, cuya función es la de mantener las relaciones de clase y el status quo.

 

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[1] Licenciada en Filosofía y Politóloga por la  Universidad de Antioquía, Colombia. Actualmente Doctoranda en Historia por la Universidad de La Plata, Argentina.

E-mail: [email protected]

[2] Por concepto se entiende una unidad básica, en cuanto delimita y representa abstractamente los objetos y entidades en general, por lo que no es producto de la observación directa de los entes individuales; así, una diferencia conceptual estaría dada por la comprensión propia de “ideología” y “relaciones de producción”, en tanto conceptos que hacen parte de una teoría general. Mas, cuando se ubica la diferencia en el plano estructural, se refiere a la composición de los conceptos y su posición y organización dentro del todo teórico (Nohlen, 2014).

[3] Desde la postura de Marx un epifenómeno se entiende como un conjunto de ideas que sirven para ocultar y distorsionar la realidad. En tal sentido, la ideología posee un carácter negativo, al legitimar el poder y la dominación. Un ejemplo de epifenómeno sería el pensamiento filosófico de la ideología alemana que, tanto Marx como Engels, tachan de ideológico, en tanto sirve para ocultar la realidad, más que para aclararla y entenderla (Freeden, 2013).

[4] También conocido como Marqués de Tracy, nació y murió en París en 1754 y 1836 sucesivamente; fue político, soldado, aristócrata y un filósofo de la Ilustración, lo que le llevó, en tiempos de la Revolución Francesa, a pensar un concepto que expresara los estados amplios de la conciencia, delimitando, así, el concepto de ideología (Freeden, 2013).

[5] Aunque Althusser, tal y como se verá más adelante, acepta las ideologías en plural, cuando estás existen en sociedades sin clases sociales.

[6] Entiéndase interpretaciones más idealistas, en el sentido en que estaban desconectadas con los desarrollos materiales y prácticos de la historia y de las sociedades.

[7] De hecho, para Marx las relaciones de producción han tenido un desarrollo cronológico; siendo la primera de ellas la comunidad primitiva, en la que los cazadores y recolectores, como agentes de la producción, trabajaban aunadamente para alcanzar sus objetivos. Luego, con la invención de la agricultura, apareció la relación antigua, seguida de la relación de esclavitud con el surgimiento de los imperios. De allí, se pasó a la relación feudal, en la que la esclavitud se transformó en servidumbre, y esta, a su vez, engendró la relación capitalista, pues los señores feudales, al poseer de la tierra, encaminaron la concentración del capital, soportado, luego, en la industria y el mercado. Por último, se da la relación socialista que, superior a todas las anteriores, establece la propiedad colectiva y los medios de producción son administrados y controlados por el Estado (Marx & Engels, 1948).

[8] Para Althusser (2004) una seudociencia son todas aquellas ciencias que carecen de un objeto, como la economía política, en sus diversas versiones: clásica, neoclásica, marginalista y keynesiana.